No es celeste ni turquesa
la belleza de Isfahán,
con mocárabes de estuco
y minaretes en alerta
que velan por el índigo
de floridos azulejos.
No es celeste ni turquesa
la mezquita de Shah Abbas,
donde los arcos afilados
y la cúpula bulbosa
roza el cielo de Irán
y se adorna para Allah.
No es celeste ni turquesa
la madraza de Chahar Bagh
cuyo portal gigantesco
ilumina en la noche,
entre vanos apuntados
cuatro verdes jardines.
¡Color vivo de Isfahán,
perla azur del Islam!
no pigmentas el mihrab,
ni coloras el mimbar.
ni la qibla ni alminar
de celeste ni turquesa.
Tan solo engañas al ojo,
que se deleita con tu tono,
y colige casi a tientas:
«No es celeste ni turquesa».
- Hyperion