Las calaveras o rimas son una especie de epitafios humorísticos sobre personas o entidades de actualidad. Se suelen componer en México justo ahora, durante el mes de los muertos, antes del 2 de noviembre, el Día de Muertos. En estas composiciones, la Muerte bromea con personajes de la vida real, haciendo alusión a alguna cuestión o característica de la persona o personas a las que van dedicadas las “calaveritas”. Todo siempre en tono satírico. A mí me recuerdan mucho a algunas coplas y rimas satíricas que reparten aquí, en España, las comparsas en los desfiles del Carnaval, o cantan las chirigotas.
Hace unos años, yo también hice mi intento de calaverita rimada. La dediqué a Sofía, la anterior reina de España (ahora emérita), que, por aquel entonces, estaba envuelta en una polémica por unas declaraciones que hizo sobre los gays y las lesbianas.
Doña Sofía
Se ha acercado Patas Flacas
al Pardo, hasta la Zarzuela.
—No es extraño que se acerque
donde hay tanto calavera— .
Se anunció: “Yo soy la Parca,
la Dama de la Guadaña,
y busco a la que se llama
la reina de las Españas”.
Sofía le respondió:
“Esa que buscas soy yo
pero creo que te engañas,
No tengo cita contigo,
seguro, porque mañana
inauguro seis colegios,
tres museos y un asilo.
Pregunta a mi secretario,
y que te busque algún sitio.”
Pero entonces, la huesuda,
la de la eterna sonrisa,
la jala de los cabellos
y a la calle que la saca.
“Yo también hoy inauguro
un gran sepulcro real:
esta noche cenaremos
las dos en el pudridero
que hay en el Escorial.
Ahí enfrente nos aguarda
su carroza, majestad.
Más no se asuste, señora,
mire bien alrededor:
que no van gays ni lesbianas,
que tan solo la acompaña
un único enterrador.
(La imagen que acompaña a esta entrada es una ilustración de Posada sacada de un periódico de más de 100 años, por lo que está libre de derechos).
Esta calavertita la publiqué antes en mi blog Gabinete de historias curiosas. Lo digo para dejar clara mi autoría, no vaya a ser que salte Cheetaa