¿Cuál debe ser nuestra motivación al acercarnos a Dios? ¿Debemos buscarlo sólo para pedirle cosas o hay algo mejor, más profundo y necesario que podemos obtener en nuestro encuentro con Él? En esta entrada comparto con ustedes un estudio bíblico que realicé el 1ro de junio del 2017, sacado de uno de los cuadernos en los cuales anoto mis reflexiones diarias de la Biblia.
Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer. Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios. Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él.2 Reyes 4:8-10.
Esta mujer Sunamita demostró un gran interés en abrir las puertas de su casa a quien traía Palabra de parte de Dios, y por ende, a la presencia misma del Señor. Eliseo notó su disposición y quiso hacer algo por ella:
Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo. Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo. Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta. Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva.2 Reyes 4:13-16.
La mujer no tenía ningún hijo y su esposo ya era viejo. Esa era una necesidad considerable teniendo en cuenta el contexto histórico pues no tener hijos se consideraba una deshonra en la antigüedad. Cuando Eliseo le pregunta qué quiere que haga por ella, ésta no menciona eso, la mayor necesidad que tenía, ella simplemente no pidió el milagro de tener un hijo. La historia no aclara si la sunamita se había rendido, renunciado a su sueño de ser madre, o si estaba resignada. La clave de este texto es que ella no estaba enfocada en lo que no tenía, ella no vivía solamente de acuerdo a su necesidad, olvidando o descuidando lo demás. Aún ante esa necesidad ella fue solícita por las cosas de Dios y abrió las puertas de su hogar al profeta Eliseo. En fin, con insistencia y esmero buscaba la presencia de Dios en su casa, no estaba desenfocada. Encuentro apropiado el siguiente verso:
Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.Salmo 37:4.
¿Cuándo buscamos a Dios? ¿Lo buscamos sólo para pedirle aquello que anhelamos? Eso nos convierte en personas interesadas. Nuestra motivación al buscar la presencia de Dios no puede ser solamente la satisfacción de nuestros deseos, debemos buscarlo desinteresadamente. Su sola Presencia es más que suficiente, su Presencia en nuestra vida lo llena todo y lo vale todo. Como dice el verso anterior debemos deleitarnos en Él, en su Presencia. Nuestro disfrute debe ser estar en comunión con Dios y en el camino Él concederá las peticiones de nuestro corazón. Esto fue lo que sucedió con la mujer sunamita, abrió su corazón y dispuso lugar para Dios dentro de su vida y finalmente obtuvo lo que anhelaba.