Me ahogué en sus ojos marrones, en sus ojos marrones me ahogué.
Me incineré imaginando el momento, soñando despierto, que sus labios de tanto verlos, los besé.
Cada rincón de mi mente empezó a decir su nombre tantas veces, y tantas veces mi lengua se trabó por usted.
Me ahogué en sus ojos marrones, en sus ojos marrones me ahogué.
Tan solo comencé nadando, pero le agarré tanto cariño a ese mar de ternura, que lentamente cerré los ojos y descansé.
No encontraba nunca la forma de decirlo, no sé cuántas maneras inventé.
Escribí canciones, poemas, historias, y en cada una de ellas, la nombré.
Me ahogué en sus ojos marrones, en sus ojos marrones me ahogué.
Ahora no hay nadie que me ayude, pues ni la luz llega hasta el lugar donde me quedé.
No diría que es injusto, ni que dé miedo, o tal vez, simplemente, no lo sé.
Lo que sé es que volvería a ahogarme, si se atreve a mirarme otra vez.
Me ahogué en sus ojos marrones, en sus ojos marrones me ahogué.
Le escribí tantas líneas a su nombre, un par de veces, o hasta tres.
Me emocioné cuando sonrió con mi nombre, posado en sus labios, lloré.
La felicidad no cabía en mi pecho, por dentro tanto tiempo soñé.
Con decirle tan cerca todo esto, y así, a centímetros de ella entender...
Que al mirarme por un par de segundos, en sus ojos marrones me ahogué.
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