A la izquierda de un trono de oro y sueños rotos decorado con suaves sedas de amor,
acolchada con un mar de pasión y devoción se encuentra la segunda esencia.
Quien Portadora de un blanco escudo de acabado marmoleado, en su centro, se dibuja y resalta la silueta de un noble lobo dorado con sus mandíbulas abiertas con el que defiende a su alteza la princesa.
De su armadura blanca con bordes de plata digna, no de un caballero sino de un guardián, del que emana valor, coraje y honor.
En sus ojos se delata la convicción de entregar su vida al servicio de su amor; quien gobierna un reino entregado en su totalidad a ella, como forma de pago de un cariño que jamás recibió.