Esperando que los sistemas funcionen, que reconozcan números altos porque no están programados para eso. ¡Sistemas que no se proyectan a futuro! Pero, ¿en qué cabeza cabe? ¿Cómo es posible que existan sistemas informáticos que no reconocen grandes cantidades? ¿De qué estamos hablando? Pero sí, esa es la realidad y por eso aquí me tienen esperando porque no puedo reportar un pago hasta que programen el sistema para que “deje poner cantidades más grandes”. ¡Uff!
Y mientras escribo esto diferentes pajaritos me hacen compañía. Diferentes aves revolotean cerca de mi banco y los pequeños arbustos.
Un invitado no-invitado ha llegado, mira su teléfono celular. Estoy comenzando a creer que he descubierto una plaza en medio de la “nada”; a un lado de los cimientos no acabados de una biblioteca, una biblioteca que parece no tener dolientes, una biblioteca que al parecer nadie extraña. Divago en mi mente, quizás de la misma forma que lo hace mi invitado no-invitado sentado en el banco del frente. Bonita forma de empezar el día.
Me quedo pensando (porque hay que hacer algo mientras uno espera) y me digo:
- Espero tanto de la…-.
¡Aghh! ¡Acaban de interrumpir mi musa! Estaba inspirada escribiendo cuando una mujer se me acerca y me dice:
- Disculpa, sé que estás ocupada (escribiendo), pero ¿me podrías hacer el favor de anotar este número? Es que debo llamar a un teléfono de casa que no recibe mensajes, y el número está anotado en el celular…-.
Anoté momentáneamente el número que me dictó, y ahora tengo una mancha de borrador con un número de fondo en esta hoja (sí, aún puede verse después de intentar borrarlo ¡pfff!). Ya se fue la que vino buscando mi ayuda; ya se fue también el invitado no-invitado, pero ha llegado otro. Esto de escribir en sitios públicos es un rollo.
Decía (antes de toda esta intromisión) que:
“Espero tanto de la vida
y a la vez sé que nada debo esperar.
Espero lo inesperado,
y espero incluso lo que me hace daño.
Espero un amor que me ha abandonado,
y aún lo espero a pesar del daño causado.
Lo espero y lo sueño,
esto me causa desvelo…”.
Miro hacia un lado y me quedo pensado, entonces es cuando lo noto. Se acerca un pajarito a mi banco:
“¡Oh! Se acerca a mí un pajarito sin una patita…
brinca, brinca, quizás busca comida.
Le cuesta mucho caminar,
imagino el dolor que sufrió al perder su patita
pero vuela, aún vuela esta avecita.
¡Oh! La vida a veces te pone a pensar,
y veo que esta ave no ha dejado de luchar
y aunque sobre la tierra ya no pueda caminar,
sigue su vuelo, sigue su andar”.
Quizás es el mensaje de hoy, es hora de dejar de esperar y comenzar a volar aunque se te dificulte el caminar. Me veo reflejada en esta avecita porque un gran golpe de la vida me arrebató una parte de mí, y sé que me es difícil “caminar” pero este pajarito me recuerda que aún puedo “volar”. La vida a veces te da pequeñas-grandes lecciones cuando permaneces atento, la vida siempre te dirige hacia el camino correcto. Es hora de seguir adelante, y dejar de esperar lo que ya no tiene vuelta atrás…
Fedora