Han pasado varios días desde que escribí aquí la ultima vez, cada vez que me siento a escribir se desvanece cualquier razón para decir algo… y no es solo al escribir, también me sucede al hablar. Puede ser que haya perdido el interés por decir cosas y lo haya sustituido por el interés en escuchar, pero más que escuchar palabras me gusta observar a mí alrededor a las personas, tener la libertad de marcharme cuando guste, sin tener que dar explicaciones… Y si bien esto puedo practicarlo algunas veces, sé que no es lo más adecuado, las personas se quedan esperando una llamada, una respuesta, haciéndose preguntas puede que absurdas pues no hay una razón real para preocuparse.
Me doy cuenta que esa necesidad por decir algo no es necesariamente un privilegio, pues priva al que lo hace de absorber todo aquello que sucede a su alrededor. Si estoy constantemente hablando, dejo de escuchar.
¿Puede uno cansarse de darse cuenta que este mundo no escucha? Que la mayoría está pendiente de lo que tiene que decir? Incluso las respuestas se dan sin comprender, solo por la necesidad de decir algo.
Escuchar activamente requiere una enorme atención, escuchar, es más que descifrar los sonidos, es mirar el gesto, percibir el tono, la mirada, el propio palpito del corazón, lo que incluso el cuerpo nos dice, las emociones…
Escuchar es tan importante que puedes tener una conversación solo escuchando, y cuando se practica este escuchar activo, no hace falta pensar en lo que vas a decir, no hace falta hablar porque ya estas concentrado en otras cosas. Cuando aprendes a escuchar, también aprendes a comunicar mejor, pues aprendes a descifrar los códigos y a darte cuenta que se transmiten mucho más que palabras cada vez que decidimos expresarnos, incluso cuando tan solo andamos, sin decir nada…