En ocasiones me parece un poco loco escribir cuando veo que a mí alrededor todo se cae a pedazos, tengo amigos y familiares fuertemente deprimidos, a veces no pasa un día sin que yo misma me sienta así.
He visto que cuando algunos de mis paisanos venezolanos escriben de sus penas de alguna manera son censurados, “Epale para que dices eso, ya no quiero leer sobre tristezas”, “Vengo aquí a olvidar”, “No quiero ver eso”, prácticamente es lo que se les dice… pero debo decir que estoy en total desacuerdo con eso. No se puede censurar el dolor, no hablo de sufrimiento, hablo del dolor de heridas abiertas, de soledades, de grandes carencias, no es el simple sufrir por sufrir o la queja por la queja.
He visto pocos post acerca de cómo esta nuestro país, pocos se animan a expresarse y parece que muy pocos afuera saben lo que se está viviendo aquí y el dolor tan inmenso que nos embarga. No estoy de acuerdo con callar o recriminar al que lo hace porque es como taparle la boca a alguien que grita.
Recuerdo aquella mujer Alice Seeley Harris, quien dio a conocer al mundo los horrores del Congo con su famosa fotografía, una época cuando una imagen por primera vez valió más que mil palabras. Esta mujer “Expuso los horrores del colonialismo en el Congo a manos del rey belga Leopoldo II, tomó cientos de fotografías documentando la violencia extrema a la cual eran sometidos los pobladores” Fuente
“La fotografía le dio vuelta al mundo. El periodismo había cambiado: la imagen se impuso por encima de los argumentos escritos y, como prueba forense, terminó enviando al infierno a Leopoldo II.” Fuente
Fotografía de Alice Seeley en 1904.
Se había hecho historia.
Pero claro, hablo de principios del siglo pasado el año 1904. Hoy más de un siglo después, acostumbrados ya al escándalo, la insensibilidad es tal que ni cientos de fotos de las miserias de un país, logran conmover al mundo, o si lo hacen, no pasa a mayores. Los dramas pasan a ser individuales, la falta de empatía se impone.
Yo me pregunto ¿adónde camina un mundo que no puede sentir compasión por el que sufre? Adónde nos dirigimos nosotros mismos cuando simplemente decimos “No hables de eso”.
Solo quisiera decir que dejemos llorar a los que lloran. Julio Cortazar decía en una frase suya muy famosa: “Si te caes te levanto, y si no puedo, me tumbo a tu lado”, a veces hay que llorar con los que lloran, ¿Y por qué? Me dirás, pues para que sepan que no están solos.
Y luego de llorar decir: Ya sobreponte para que no te consuma tanta tristeza.
Hay una película, basada en una historia real, que recuerdo mucho y que me ayuda en cierta manera: 12 años de esclavitud. Hay una escena allí en la que una mujer lloraba y gritaba cada día porque la habían separado de sus hijos, después de muchos días, el protagonista le dice algo así: “Oye, ya deja de llorar, a mí también me separaron de mi familia y de mis hijos, mírame, has como yo, solo estoy tratando de mantenerme vivo para algún día buscarlos y volverlos a ver, si me dejo consumir por la tristeza, moriré, solo estoy tratando de mantenerme con vida.” (Paráfrasis)
Obviamente no todos tienen esa fuerza pero la esperanza de ver un futuro diferente es lo que nos puede mantener lejos de la tristeza.
Otra cosa que ese hombre hacia era aprovechar las oportunidades y nunca perdió las esperanzas de ser libre.
Creo que solo eres un verdadero esclavo cuando has perdido las esperanzas, no solo cuando te conformas a tu esclavitud, sino cuando dejas de soñar con la libertad y con las oportunidades de ser libre. Este hombre cada vez que podía trataba de escribir una carta y enviarla a su pueblo para informar a las autoridades y que desde allí enviarán a buscarlo, ya que él venía de un estado donde las personas negras eran libres. Solo doce años después encontró su libertad, y solo unos meses atrás había podido enviar esa carta con un conocido, luego de varios intentos fallidos.
Muchas luchas humanas y de pueblos son carreras de resistencia. Y digo carreras porque estas existen cuando hay un camino, un trayecto, y un objetivo.
Así que no dejemos de tener esperanzas y fe, no dejemos de soñar ni de luchar, aunque por lo pronto esa lucha sea por mantener nuestra cordura, nuestra salud, nuestra vida, que nuestros sueños sean ser libres, estar mejor cada día, buscar oportunidades de mejorar. No nos quedemos sentados a la orilla del camino, no dejemos de consolar a los que sufren y de brindarles una esperanza… y de llorar también cuando tengamos que llorar, porque reír y llorar son unas de las pocas cosas que nos hacen humanos.