En estos días me di cuenta que no puedo escribir y hablar al mismo tiempo, escribir es algo que solo puedo hacer en soledad en una casi total desconexión de mi entorno, es por eso que no es una exageración decir que se puede perder por momentos la noción del tiempo del espacio y que uno puede al terminar, sentirse un poco desorientado, pero es normal después que uno se ha concentrado mucho. Es por esto que escribir es una buena tarea para el cerebro pues se requiere de concentración, hay que organizar las ideas al mismo tiempo que se va recordando e indagando en eso que se quiere decir. También es verdad que uno puede escribir como quiera, de manera desordenada o como le salga, pero aun dentro del aparente desorden, hay un hilo que se sigue antes de enredarlo todo…
Una forma de escribir es dejar que fluyan los pensamientos, otra forma es conectar con las emociones con los sentimientos y darles nombres. Esto último de dar nombres puede ser agotador, bastante complicado y nada divertido, creo que más interesante es describir y tan solo posteriormente se podrá interpretar, el que lea lo hará, (quizá nosotros mismos en un tiempo posterior) y le dará el nombre que desee a esas descripciones, el nombre que más se adecue a su experiencia.
Escribir describiendo, relatando, soñando, puede ser una experiencia lúdica pues al igual que cuando juegas vas haciendo real un mundo que solo existe en tu mente, es darle vida a algo que no existía, es darle textura, sabor, olor, es hacer tangible algo que no lo era. Por eso el que escribe es un mago, un artista, un soñador que juega, o un alma que sufre… en todo caso es un ser que siente con todas las fibras de su interior y tan solo se ha dedicado a tratar de transmitir eso que percibe. Creo que esto requiere despojarse de la pretensión de creer que se conoce lo que se siente, lo que se vive, lo que se sueña y lo que se sufre. Es necesario deshacer las etiquetas, romperlas y desecharlas, y dejar desnudas las experiencias, vivencias, las ideas, los sentimientos, despojarlos de juicios, de títulos, de nombres, y dejarlos allí sobre el papel. En cierta manera es como hacer un regalo, y creo que esto requiere humildad, así como mucha generosidad.
Cuando solo nos dedicamos a transmitir lo que miramos, la manera como nos hace sentir eso que percibimos con nuestros sentidos, las sensaciones que nos provocan, podemos conectar más con quienes se acercan a nosotros, y de manera increíble esto es posible porque al mismo tiempo estamos conectando con nosotros mismos, y tengo la creencia de que interiormente todos nos parecemos, en las alegrías, en los miedos, en las carencias y necesidades, en la ternura del corazón más interno.
La música por esto le lleva una enorme ventaja a la literatura, la música ofrece los sonidos y estos se adecuan como pueden en las estructuras del que escucha sin formas preconcebidas, entran directo y sin filtros al cerebro, a la mente, al corazón. Creo que este es el principal objetivo del arte: transmitir, llegar, sensibilizar, impactar, motivar, cambiar, que podamos ver aquello que no habíamos visto, descubrir y dar nombre a lo que no lo tenía, quitar los velos que estaban puestos, identificarnos. Conectar.