Una vez conocí una persona que hablaba acerca de la importancia de detenerse, llegue a pensar que exageraba un poco la importancia de esto. Y es que luego pensándolo bien me doy cuenta que los primeros años de nuestra vida la mayoría los pasamos corriendo. Es un correr mientras se estudia, trabaja, se llega a casa a encargarse de las labores, y pare de contar cuanta situación surja para enfrentar.
Hay épocas en que no se nos ocurre pensar en dar un paseo por la calle, disfrutar de una bebida, una buena conversación.
Esto me hacer recordar el titulo de un libro “Sopa de Pollo para el Alma”, o un comercial en el que una chica se sentía triste y su mamá le preparaba una sopa. Hace tiempo pensaba ¿Qué tiene que ver una sopa con sentirse mejor?
Recuerdo que cuando niña mi madre entraba a la cocina a prepararnos una merienda a eso de las tres de la tarde, nos hacia suspiros, torticas, galletas, o cualquier cosa que se le ocurriera, en ocasiones nos preparaba chocolate en las noches, a veces era solo un té de algunas plantas como tilo o manzanilla, yo me los bebía sin detenerme a ver el cariño tan grande que iba en cada sorbo, en cada bocado…
Años después es que se repara en que ciertamente hasta en una pequeña taza de té, café, en un pedazo de pan, una sopa, puede ir también el amor sumergido, disuelto, envuelto. Y lo llaman pequeñas cosas.
Pero a veces somos tan ciegos, tan duros, que ni siquiera podemos reparar o darnos cuenta de la importancia de lo pequeño. Y a veces no lo vemos porque sencillamente vamos corriendo por la vida.
Solo ahora mucho tiempo después es que llego a comprender que una bebida caliente, una comida ofrecida es también un gesto de amor. Nos confundimos en pensar que amar es solo besos y caricias, pero pues, amar es mucho más que eso, es también servir al que tiene hambre y sed. Y uno puede olvidar cualquier cosa pero nunca olvidará a quién le dio un pedazo de pan cuando tenía hambre, o a su mamá cuando le dio una sopa de pollo para la tristeza, y lo reconfortado que se sintió. Y así es como un pedazo de pan o una sopa caliente puede saciar también el hambre de amor, de atención… Y lo llaman pequeñas cosas.