Actualmente en mi país existe una crisis humanitaria, y nadie ha salido ileso. Personalmente creo que este tipo de situaciones deberían sensibilizarnos, pero al parecer sucede todo lo contrario: nos hemos vuelto cada día seres más egoístas, primitivos hasta la médula.
Desde que sales de tu casa, hasta que llegas, sientes que interactúas con bestias, en lugar de personas. El vecino obstinado no contenta los buenos días, en el metro todos te empujan y pretenden robarte, nadie cede el puesto a las personas mayores, ni a mujeres embarazadas, alegando entre risas que "sí hay moral y buenas costumbres, lo que no hay es puesto"...
Parece tonto, pero esos detalles pueden hacer de un día algo muy desagradable.
Ves ancianos, jóvenes y niños pidiendo dinero y comida en todas las esquinas de la ciudad; algunos por necesidad, otros por sinvergüenzura... La mayoría se vale de sus discapacidad para generar sentimientos encontrados en el público y lograr recibir algo para la próxima dosis de marihuana... Otros ejercen algo llamado explotación infantil, otros se prostituyen...
El ambiente está lleno de ansiedad, depresión, agresividad; parece mentira, pero los trastornos mentales en la población venezolana han aumentado de manera progresiva durante los últimos tres años y es algo que se evidencia...
Demasiada descomposición social y falta de empatía, pareciera solo existir "ganas de joder a tu prójimo"... ¡NO hay medicinas y las personas que NO están enfermas, compran las pocas existentes y las re-venden a los necesitados en hasta 10 veces su precio! Estoy hablando de anticonvulsivos, antipsicóticos, antihipertensivos... No un vulgar atamel, no una curita.
Como personal de salud, me duele y me molesta en gran medida las fallas del sistema sanitario. Con esto no solo me refiero a la escasez, de la cual es responsable el gobierno en gran medida, sino a la CORRUPCIÓN y falta de valor, que se encuentra en el médico, la enfermera, el camillero, el vigilante; todas esas personas inconscientes que se roban indiscriminadamente los insumos médicos, y también los revenden.
Ya no nos importa la necesidad del otro, solo queremos estar bien nosotros y nuestro pequeño grupo familiar... ¿Acaso todos no somos hermanos? ¿Qué pasó con el apoyo, no somos la misma especie?
Lo peor del caso, es que si te revelas a la situación, te tildan de gallo o pendejo; pareciera que ya no se puede hacer nada bueno, sin que moleste... Si le llamas la atención a alguien que está agrediendo verbal o físicamente al otro, eres un chismoso sin oficio y mereces también ser golpeado. Si reclamas consideración para una persona vulnerable, eres el "guevón maravilla".
Al que hace el mal se le exalta y al que hace el bien se le humilla, esa es la triste realidad de ayer y de hoy.
Solo espero que mañana sea distinto.
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