¡Ni un pelo de tontos!
El 30 de diciembre decidí raparme el cabello junto a mi pareja. La verdad es que toda la vida quise hacerlo, pero el miedo a verme fea o no gustarle a los demás me frenó durante mucho tiempo. Como todo ser humano, tengo inseguridades (cosa que se acentúa por ser mujer y todos los cuentos que ya sabemos de los estereotipos de belleza); sin embargo, en los últimos 4 años, tras vivir en carne propia la crisis en Venezuela, aprendí a valorar lo realmente importante: salud, alimento, la compañía de los que amas. En resumen, me convertí en una persona despierta, más segura, real.
¿Por qué debo preocuparme por mi apariencia personal? ¿Qué importa cómo me vea? Eso me lo he preguntado toda la vida, pues nunca he sido muy femenina y he sido criticada por no “arreglarme lo suficiente”.
Por la fisioterapia o kinesiología, tuve contacto con muchos pacientes y aprendí que solo al estar cerca de la muerte nos olvidamos de banalidades, ¿por qué? Pues al parecer solo lo desagradable despierta: si algo no duele, no sabes que está ahí.
¿Es necesario que seamos abofeteados por la vida? ¿Por qué perdemos energía haciendo drama por nada? Yo vivía quejándome de la gordura, de la piel grasa, de mi cabello con frizz, de cualquier defecto rebuscado que pudiera hacerme sentir mal… En introspectiva, hasta parece que no quería estar feliz, que necesitaba renegar de algo… Qué tontería, ¿no?
Qué bueno es crecer, madurar, aceptarse y entender que el cuerpo es una cáscara, que no hay que darle tanta importancia, sólo cuidarlo por dentro: alimentarlo, relajarlo, sanarlo. Si quieres verte como los de revista, está bien, pero si no, que no te afecte ni te quite el sueño. No necesitamos vernos como otros.
El cabello siempre ha sido sobrevalorado, se considera como algo que atribuye belleza al rostro; el color, el peinado, el corte…, son cosas que pueden determinar si te ves bien o no. Esto quiere decir que si estás despeinado o no tienes cabello, no tienes belleza y te conviertes es una persona visualmente desagradable. Quizás fuese mejor si todos estuviésemos rapados, de esa manera no habría prejuicios.
Mi pareja al principio tuvo miedo de cómo me vería, me lo confesó, pero decidió apoyarme porque sabía cuánto deseaba hacer esto, y dijo que si tenía algún deseo de hacer algo, lo hiciera sin dudar, que me amaría igual, porque al final, repito: se trata de lo de adentro.
Ese es el mensaje que entre improvisaciones musicales estamos dejando desde el 31 de diciembre del 2017 y el que esperamos seguir dando este año nuevo.