Qué cobardes los que le temen al tiempo,
los que anhelan la eternidad,
sin saber que es otro nombre para la muerte.
Yo vivo la vida repetida en sus giros incesantes,
cabalgo la rueda de fuego del destino
clamando a Fortuna.
Ustedes insensatos claman al tiempo,
esperando que llueva muerte;
niegan su nombre, pero lo abrazan mientras duermen.
Nosotros, que vivíamos en sueños vivos,
hemos despertado a esta muerte durmiente
para sacarlos de la penumbra.
Ahora la lluvia erosionara sus sueños,
el viento derribará sus techos
y mis palabras serán piedras para su tumba.
Porque el tiempo existe,
su muerte existe,
y mi vida que los sobrepasa, existe.