Amado tu:
Hace tiempo que no se de ti. Apenas recuerdo bien la última vez que te miré, fue una mañana, un despertar. Mí cabeza se escondía entre las sábanas siempre perezosa para empezar el día.
Nunca me gustó madrugar. Esos minutos escondida entre telas de algodón siempre fueron mis favoritos.
Recuerdo vagamente como adiviné tu silueta alejándose por las escaleras de madera, hacia abajo, como si la cabaña te engullera.
Y ya nunca supe más de ti.
A partir de aquel día, las mañanas no volvieron. Siempre es de noche en la cabaña. Ahora me despierto a cualquier hora, ya no importan los minutos, ni siquiera, los segundos.
Se que no volverás. Jamás pensé que lo harías pero siempre me parece volver a escuchar tu voz al alba. Como un gallo que vislumbra un nuevo comienzo.
Ahora es de noche en las montañas, y cuando cae el sol desaparecen las sombras. Me siento sola cuando mi sombra deja de seguirme. Contigo era más sencillo, jugábamos a escondernos de ellas, y a ellas les gustaba ese juego porque siempre ganaban, siempre nos encontraban.
Mi sombra ya no resulta tan divertida, se enfadó conmigo por dejarte ir, y piensa que seguirme por todo el bosque ya no es un juego, y deja de jugar.
Ha crecido mucho desde tu partida, bebe de mis lágrimas y se alarga hasta las copas de los árboles. Cree q así te puede encontrar. Pobre sombra inocente. Ya le expliqué que las aves de paso son así, que les gusta volar libres, pero no lo entiende.
Cada día es un regalo y cada noche una eternidad.
Con amor, Yo.
P.D: Que tu vuelo sea ligero en el cielo azul del mundo.