Vendieron un edificio reconstruido. Recién remodelado, con ventanearía nueva, nueva loseta, nuevo portal, pintura nueva. No parece el mismo, pero lo es.
A poco, aparecieron humedades y goteras. Plafones que se caen, ventanas que no cierran, o puertas que rechinan.
“Son vicios ocultos”, dijo el arquitecto. Tienen arreglo.
Miro ese alejo edificio renovado, y se imaginó que soy él… Tengo un vicio oculto, irremediable… Mi vocación por la total entrega. Que me conduce inevitablemente al próximo derrumbe.
Guardo grietas ancestrales, viejas cicatrices, que aunque ya no sangran, jamás desaparecen. Antiguos polvos guardados en esas huellas indelebles.
Finalmente las cicatrices nos confirman que lo que he vivido fue real. Tengo vicios ocultos.
Por eso, búsqueda incesante por una arquitecta que restaure mis cimientos… Que pueda construir mi nueva vida, con nuevas estructuras, con nuevos planos. Heme aquí…con mis viejos muros, dispuestos para ti…Para que me construyas a tu gusto…