¡Hola Steemians!
Es un placer que pasen sus ojos por estas palabras. Me tomé un tiempo de reflexión para este último post, creo que después de escribir sobre Los Yugas quedé algo agotado.
Sin embargo, aquí estamos y sin dar más rodeos, empecemos…
El Yo Superior: Hacia el "Palacio Cerrado del Rey".
Frente a esta crisis existencial pocos resultan bien parados. Unos oscilan retornando constantemente al punto de partida, otros recorren largos espirales dados como caminos en sectas, doctrinas y filosofías. Pero en algunos de esos hombres este momento es determinante: se desapegan de las fes y las esperanzas: quieren disipar la niebla, quieren abrirse una vía: un conocimiento de sí mismos, en sí mismos, del Ser.
Aquellos hombres que hayan encontrado en sí mismos una manera de superar positivamente tales crisis, habrán descubierto que no hay regreso, que no hay mirada atrás, que se han de desatar, a partir de ahora, de todo aquello que sea solo humano, de esa “ciega propensión a considerarse como un individuo no siéndolo”, mencionaría Nietzsche.
Tal desapego resulta de una mirada real, concreta y cruda sobre la relación de sí consigo mismo y con el mundo; a su vez, este desapego, surge como necesidad frente a la falacia de lo que el hombre moderno conoce como existencia, la cual es vista como un concepto sometido al estado físico, es decir, a lo condicionado, extrínseco y contingente, dejando al Espíritu como un correlato de esto, así como a todos sus valores. De esta falacia surge un sobredimensionamiento de lo material y sensible, un ignorante de cualquier otra realidad, un hombre Medusa que convierte en piedra todo lo que ve y que se abre a todo lo que es inferior a lo psíquico y personal, a aquello que pertenece a las zonas ínferas del yo.
“Este es el tiempo en el cual los demonios de la mente se funden en una legión única con los demonios del mundo, también la Pequeña y la Grande Guerra Santa tienden a coincidir.” Los Dioscuros.
Con tal claridad de visión, a estos hombres les resulta un deber intentar reconcentrar una fuerza que debería constituir un ente superior con potencia y posibilidad de operar sobre la realidad, es decir, con la capacidad de operar no solo hacia dentro sino fuera de sí. Esta fuerza solo se le consigue transformando un modo de ser en otro modo de ser, cambiando la propia conciencia, venciéndose de uno mismo, en función del fortalecimiento del Yo superior en su lucha contra su dimensión inferior.
Con la mirada al frente solo queda una vía que no sabe de problemas sino de deberes y realizaciones, que se dirige hacia la capacidad de convertir al cuerpo en un instrumento de consciencia que deberá penetrar los estratos en donde actúan las fuerzas profundas de un Yo superior, hasta hallar la entrada de la vía que conduce al “palacio cerrado del Rey”.
¡Por el Amor a la Vida!
Agradezco profundamente a los lectores, a la comunidad de , a la comunidad de
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