Llueve torrencial sobre la cabecera del río,
el camino está mojado, hace mucho frío,
y las flores se deshojan sin potestad
no sé cómo ayudarlas y lloro de la ansiedad.
La tempestad se arrecia y los charcos se han teñido,
con el rojo de los pétalos que al suelo han caído
y mi alma se derrumba ante aquella tragedia,
parece que la lluvia puso fin a su comedia.
La lluvia se debilita, dejó de ser una tormenta
y a lo lejos del camino una rosa se lamenta,
sacude sus hojas con delicados movimientos,
no quiere deshojarse por los fuertes vientos.
La lluvia se ha marchado y el sol se ha puesto,
la rosa sonríe al cielo, le agradece el gesto,
sobrevivió a la envestida y por su color amarillo,
la lluvia dejó que viviera por su impresionante brillo.
Jackelin López