Mi querida nona Sofía, cumplió 96 años en septiembre de este año y muchos dicen que se ve muy bien para su edad.
Ella se ha caracterizado por ser muy alegre y jovial, buena cocinera, consentidora con sus nietos y cariñosa con todos especialmente con los varones. Crió doce hijos, de los cuales dos murieron en sus primeros años de vida por enfermedades que no pudieron ser atendidas por vivir en medio de las montañas.
Yo recuerdo que me compraba muchas golosinas cuando iba al pueblo, pues su ambiente de trabajo y hogar siempre fue el campo. Cocinaba a leña, buscaba ramas para hacer su propias escobas; sembraba maíz, yuca, plátano; melaba y hacia las panelas con miel de caña de azúcar y criaba cabras, vacas y gallinas.
Me encantaba degustar su deliciosa y sencilla comida, entre los que recuerdo están: los caldos por la mañana con arepitas de maíz pelado, sopa de pescado seco con pan y chica de ojo. Delicias de la región santanderana de Colombia.
Ya ha olvidado todo y sus malestares no la dejan ser quien era, activa y pendiente de la familia. Pero mantiene su buen humor e inmenso amor por cada uno de sus hijos, aunque a sus nietos no los recuerda. Extraño mucho su olor, sus hermosos ojos azules, sus abrazos y besos. Vive lejos de mí, pero la distancia solo hace recordarla a cada momento y sentir añoranza por cada momento vivido a su lado.
Espero verla pronto.