Pasamos muchos años de nuestras vidas trabajando arduamente, dedicando muchas horas para obtener aquello que saciará temporalmente nuestras necesidades básicas, de hecho actualmente es el punto central de la felicidad de muchos.
¿Depende el amor del dinero?
Para nadie es un secreto que poseer dinero eleva el estatutus y la calidad de vida de una persona, pero a modo de reflexión, podemos cuestionar hasta qué punto tener mucho dinero puede garantizar la plenitud emocional de una persona.
El amor es algo que no se puede comprar
Partiendo de esta frase trillada como un vago intento por salvar los pocos valores que nos quedan, podemos definir primeramente a qué tipo de amor nos enfrentamos, ya que actualmente el concepto amoroso, el cursi, el que nos hacía ver corazones en todas partes se ha ido actualizándose junto con las nuevas tendencias tecnológicas. Entonces, así como generamos risas falsas a través de un celular, también se venden amores falsos que cumplen las mismas funciones, rellenar un espacio social.
Entonces estamos entre dos tipos de amor: el amor convencional y el amor posmoderno. El amor convencional ya lo conocemos y debo decir que al igual que todo en el mundo físico, está cada día más pasado de moda, obsoleto y descontinuado. Por su parte el amor posmoderno es el boom de la moda, esto consiste en aquellos en el que el hombre y/o mujer presume de una relación “perfecta” en las redes sociales.
Dicha pareja se complementan por ser perfectos estéticamente hablando y más que un sentimiento, los une la vanidad y el estatus que dicha relación les proporcionan gradualmente ante los ojos de un círculo social.
Este amor que yo llamo evol 2.0 parte de las necesidades económicas, por ejemplo una mujer para elevar su estatus necesita a un hombre con dinero, especialmente con carro ya que esto la posiciona como una mujer exitosa y los demás dirán: “encontró el hombre perfecto” . El hombre, socialmente obligado a cubrir todas las necesidades de su pareja, y además es mucho de su interés poseer una mujer florero, es decir, aquella que podrá exhibir y adornar su presencia ante lo demás. Así pues ambos se complementan para hacer derrochar un amor que solo el dinero puede mantener vivo, con esto podemos decir que efectivamente el amor durará lo que dure el dinero.
¿De quién es la culpa?
Este fenómeno, se ha convertido en costumbre es como una adquisición cultural, las personas lo ven como algo normal, como el deber ser, por lo que sentir se ha vuelto algo secundario en la vida del ser humano. Si he de hallar un culpable, diría que el factor sociedad y la estúpida necesidad de encajar tiene un gran porcentaje de culpabilidad, el factor familia también tiene su importancia, ya que generalmente los padres inculcan esa visión de que una estabilidad económica es sinónimo de felicidad, es lo que está bien y es lo que te garantizará el buen vivir.
De cierto modo, “la estabilidad” económica sí genera un estado de tranquilidad y confort en cuanto a las necesidades básicas del día a día, pero, ¿ es esto realmente lo que debemos inculcar a nuestros hijos, especialmente a las niñas a no esforzarse y valerse del dinero fácil?
Los valores vienen de casa y basado en ello se construyen esquemas que son aplicado es la sociedad, en base a ello se crean costumbres y directrices sociales que definen nuestras actuaciones como marionetas.
¿Nos debe importar el dinero?
Por supuesto, como sobrevivir sin el tan necesario dinero. Dependemos y somos esclavos del consumismo, de hecho esto llena ciertos huecos emocionales en nuestras vidas, los cuales adquirimos desde nuestra infancia.
Lo que debemos tener presente es el límite para reconocer hasta donde es necesario el dinero y dar prioridad a lo que realmente cubre el lado emocional de nuestro ser. Una vida llevada a los extremos jamás nos garantizará la plenitud personal, eso incluye el dinero.