Muchas veces hemos plasmado cierta imagen sobre la mentira sin embargo he logrado comprender que de no ser por ella el mundo sería una cúpula irradiadora de estrés y amargura.
Muchos se etiquetaran así mismo como personas correctas, incapaz de engañar, sin embargo creo que todos alguna vez hemos solicitado de alguna mentira para evitar el disgusto de otra persona.
Anécdota
Estado en la parada del bus, con mucho calor a mi lado estaba un señor, repentinamente recibió una llamada a su celular y no pude evitar escucharlo decir a la persona con la que hablaba “ya voy cerca, tranquilo, en 5 minutos estoy allí”, Pensé en ese momento que nsiquiera iba en el bus, y estaba a mitad de la fila de personas que esperaban para abordar, por lo que el tiempo que se tomaría en llegar sería más de 5 minutos como lo había plasmado en su llamada.
Abordo esta anécdota, de la cual me inspiré para realizar este post ya que de una u otra manera YO, y quizás USTED hemos mentido en caso similares en el que vamos retrasados y asumimos la necesidad de mentir para mantener cierto equilibrio emocional y evitar las situaciones exasperante.
No es cuestión de ser inmorales por alterar algunos aspectos de la realidad con el fin de evitar la inquietud o desequilibrio de una persona, ya que la verdad absoluta simplemente no existe.
¿cuántos chicos no les han dicho a la novia que se ven bien con algún atuendo siendo mentira solo por no dañar su autoestima, o fingido quizás que les gustó alguna comida? ¿Cuántas veces no les hemos dicho a nuestros padres que llegaremos temprano a casa cuando salimos de fiesta solo para que se quede tranquila?
Son situaciones de la vida que inconscientemente nos lleva a la mentira, esa mentira que llamamos “inocente” porque en sí misma no produce daños irreversibles.
La mentira se manifiesta de forma innata desde que adquirimos conciencia como mecanismos de convivencias y protección de la psiquis a modo de poder mantener buenas relaciones proyectando lo mejor de nuestra imagen.