¿Amigos? No, no tengo, o creo no tenerlos, las personas pasan por mi como se pasa por un hotel, nunca es eterna la estadía, suelen quedar recuerdos, malos, buenos, de esos que te pueden provocar una sonrisa, sacar una lágrima, suspirar, odiar la vida. Recuerdos que te hacen saber dónde estuviste, pero no dónde estás ahora.
Soy un hotel donde cada habitación tiene un nombre en vez de un número, donde el lobby es mi mente, y en el bar están los que aún no se van, pueden o no tener las maletas preparadas, a medio hacer, o como hacen muchos, solo sacaron lo necesario y así no tienen que volver a ordenar todo desde cero.
Unos han dejado sus habitaciones desmanteladas, pagan por su estadía, y si pudieran se llevarían hasta la placa en la puerta con su nombre grabado. Se han llevado desde días soleados hasta lágrimas que le pertenecían a otras personas, se llevaron sentimientos dejando vacío atrás. Suelen doler, aunque solo cuando paso frente a sus habitaciones, sabiendo que no voy a encontrar nada.
Están los que como prueba solo dejaron una ventana abierta, haciendo que el frío me acobije cuando visito sus recuerdos y me hagan suspirar lo suficiente como para hacer que me pregunte por qué vuelvo cada cierto tiempo a ellos, sabiendo que no estuvieron más que una noche, quizás ni más de 3 horas, se retiraron sin avisar, y cuando lo noté el frío ya estaba arraigado en mí.
Hay varias habitaciones desordenadas, un desastre total, un desastre que no arreglo porque siempre termino recordando con cada objeto fuera de lugar momentos eternos que no me pertenecen, momentos que robé solo por estar sin estar. Son desastres que me hacen querer morir cada vez que entro en su vorágine.
Hay muchas habitaciones con las puertas apenas abiertas, que susurran sus secretos a cualquier que camine frente a ellas; hay habitaciones selladas desde el interior, personas que decidieron no abandonarme sin importar las normas, se quedaron eternamente, vivos o muertos, nadie sabe.
Ninguna habitación tiene el seguro puesto, hay inquilinos que se aventuran donde no deberían hacerlo, casi siempre terminan pagando la cuenta para no volver, a veces terminan quedándose junto a otra persona, no lo sé, no logro controlar todo, regir un hotel es un trabajo difícil. Hay muchos insatisfechos, pero no se van, unos cuantos terminan ayudando, otros destruyendo. Son los que llegan, colocan la bomba y se acuestan a dormir, esos que viven solo de la destrucción.
Viven y mueren en mí, encuentran el amor y se van; consiguen motivos para seguir aquí y efectivamente lo hacen; así como esos que no sé cuándo llegaron, o cuando se fueron. Los que duelen, los que siempre se recuerdan, los que tienen prohibida la entrada.
cuándo descubra cómo hacerlo sin morir en el intento.