Dice una parte de un poema que nunca se pone más oscuro que antes del amanecer, aún así, el amanecer para un fotógrafo representa el reto de capturar por un muy breve instante, un color verde que se manifiesta antes de que irrumpan con estruendo brillante, o tenues pasteles, el rojo, amarillo dorado y hasta el púrpura. El reto requiere de montar la cámara en el trípode y degustar una o dos tazas de café antes de que ocurra ese momento único en el día -como único es cada instante de nuestra vida- en el que el verde anuncia el despertar del alba.
En la imagen, un amanecer en Limón, Costa Rica, desde el balcón de la casa en la loma frente al mar. Esta fotografía fue capturada en el 2010, un periodo en mi vida que cambiaría por siempre mi percepción del mundo y de la existencia. Fue en este periodo en el que me consegré como fotógrafo, embebido como estaba en medio de una naturaleza que estallaba con paisajes muy hermosos de vivos colores e intensas texturas.