por incognoscible razón
olvide en el lecho tibio
mil desiertos de ausencias
llenándome de tu presencia.
un riachuelo de constante susurro
en el crisol de mi leve desnudez.
a las pisadas en mi derredor.
Solo contaba el temblor
de grana de tus labios,
y el caudal de lluvia en mi ventana…
te fuiste adueñando de mis lunas,
y su cara oculta
a punta de besos la iluminamos
de diminutas luciérnagas.
en la redondez de la yema de tus dedos
caminándome la espalda,
en tu risa volviéndose música
en la oquedad de mi boca.
madurados en el tiempo,
nos inundó la vida, nos regocijo el alma...
ese día cuando fui amada…
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