feneció en el último beso de tu boca
cerró de un solo golpe
la puerta a la esperanza.
no fecundó de hojas verdes,
un brote de primavera.
así mis brazos, mis manos, mi boca
se encuentren solo adornando
como rosas un blanco mantel…
En el candil que se apaga.
En algún efluvio de mirto blanco.
En la cara oculta de la luna llena.
En la luz que se cuela por la hendija abierta.
En la mano que calló tu boca en la despedida.
En el eco que me responde “vuelvo”
cuando pregunto: ¿Regresas?
de tibia niebla, despiertes la rosa
que ya se deshoja, dormida entre pétalos
con la miel del beso que acalle en tu boca.
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