El Real Madrid de Zidane, ese que hace unos meses era el mejor equipo del mundo sin discusión, vivió su noche más oscura. En la otra acera el Leganés vio como su pequeña historia se hizo grande con una victoria memorable en uno de los templos del fútbol, el Bernabéu, y evidentemente es un día que recordará siempre. El modesto equipo de Butarque se saltó su enormes limitaciones, la diferencia en presupuesto, plantilla y cualquier tipo de pronóstico, y remontó la desventaja para meterse en semifinales de la Copa del Rey, donde nunca había estado, tras vencer 1-2 a los blancos. El campeón de la ilusión tumbó al campeón de Europa... o lo queda de él.
Con LaLiga perdida y con el PSG en el horizonte los merengues tiraron otro título por la borda cuando lo tenían todo a favor: el peso de la camiseta, la oportunidad de estar a cuatro partidos de la corona, la ventaja de la ida, la enorme diferencia presupuestaria, el nivel de su plantilla, etc. Esta derrota, que es una tragedia para el club más importante del mundo, retrató a Zidane y a sus jugadores, que están totalmente irreconocibles. Esto deja la situación en Valdebebas en estado crítico: toda la temporada en una moneda al aire en la Champions contra el PSG de Neymar.
Los aficionados que van al Bernabéu no reconocen a su equipo, nadie lo hace. A veces Zidane confunde: teniendo la LaLiga como una misión imposible, el entrenador francés se dedica a reservar jugadores, por ejemplo Bale o Carvajal, no digamos Cristiano, para apostar por un once sin jerarquía en el centro del campo, ni alma en la delantera con ese fantasma llamado Benzema, que juega con el viento en contra en su propia cada, ya que su gente silba al hombre que tiene que meter los goles, ridículo. La alineación de Zidane es insólita porque no era necesario tirar la temporada en uno de los partidos más importantes, y no porque Kovacic, Llorente o Achraf sean malos, sino porque ellos pueden tomar rodaje en un torneo perdido como el local y no en un juego trascendental en la Copa.
El Leganés se paró en la capital española y se fue al descanso con la ventaja en el marcador, no obstante los blancos supieron reaccionar en la segunda mitad y es ahí donde está lo absurdo de lo ocurrido: en tu casa, con tu gente, siendo el Real Madrid, con todo respeto, no te puede eliminar el Leganés. El fantasma del campeón Europa y España empujó, pero sin sentido, sin cabeza, sin ideas, sin nada, precisamente como un fantasma lo haría.
Esto es mucho más que un triunfo o una derrota; esto es historia y es una catástrofe, pero que quede claro: que no se confíen en París, que el orgullo del equipo que ha levantado doce Orejonas es más grande que el número que aparece en la cuenta bancaria.