Empresas como Dupont o 3M han destacado históricamente por su vocación por la innovación. Ambas compañías, hoy multinacionales reconocidas, han diseñado y fabricado productos que han transformado las vidas cotidianas de millones de personas en el mundo. Esa es la clave del proceso denominado innovación.
Existen realidades complejas. Por ejemplo, Venezuela es uno de los países con menor inversión en investigación y Desarrollo de América Latina. Los recursos destinados a la investigación universitaria se han reducido, en términos reales, 60% en la última década, mientras que las políticas impulsadas por el Ministerio de Ciencia y Tecnología están determinadas por la ideología y carecen de un componente productivo claro.
Por lo tanto es normal que no aparezcan empresas venezolanas en el grupo de las realmente innovadoras, aunque hay ejemplos como Polar, que utiliza herramientas robóticas para la producción de yogures, o Farmatodo que está preparada para incorporar herramientas informáticas de auto servicio y pago electrónico, con desarrollo propio.
Sin embargo, no se puede dejar de mencionar que la cadena no puede usar muchas de estas aplicaciones por regulaciones que la obligan a mantener procesos manuales.
La tecnología es la gran habilitadora de las nuevas empresas en el presente y futuro. Una empresa que no conocerá fronteras geográficas, que se estructurará en formas de redes complejas altamente eficientes, con ejecutivos móviles, con pocos metros cuadrados, funciones descentralizadas, planificación flexible, estructuras horizontales, operaciones virtualizadas, multiculturales, ecológicamente sustentables, y con el foco en la innovación de alto impacto en lo cotidiano.
Ese nuevo modelo de empresa obliga a desarrollar competencias más complejas en Recursos Humanos, Tecnología y Mercadeo, que serán las áreas claves para sobrevivir en una economía globalizada e integrada, en esencia, aunque sin dejar de tener peso en los mercados locales, lo que plantea una de las probables grandes paradojas para los negocios en el futuro.
El trabajo también se transformará de manera radical, lo que tiene implicaciones para los modelos de liderazgo. Las competencias que muchos líderes cultivaron en el pasado, ya no servirán. Los estilos gerenciales autocráticos, cerrados, centrados en la autoridad quedarán como malos hábitos de un pasado oscuro.
Estas transformaciones llegarán más temprano que tarde. Cuando se piensa en el impacto de los cambios tecnológicos que la humanidad ha vivido en los últimos 30 años, hay que cuestionarse, realmente, si el fututo existe como una realidad delimitable en términos temporales.
Muchas de las tecnologías que marcarán ese futuro ya se pueden prever. Los ciclos de desarrollo y adopción de nuevas herramientas son cada vez más cortos, de manera que hay que estar preparados para los cambios que se aproximan.
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