
Quizás, para algunos(as) o muchos(as) de los(as) lectores(as)de mi blog, y de éste post, el tema referenciado sea un total escándalo, pero para otros(as), tal vez sea de interés. Yo, trataré de abordar la temática de la forma más educativa posible, con la intención de generar un espacio para el análisis y la reflexión crítica-reflexiva sobre la homosexualidad, y aseguro que no haré uso de éstas líneas para ocasionar un escándalo de teclado y letra, porque en esencia, no es ni será mi intención. ¡Eso pueden tenerlo por seguro, porque no es mi estilo, como bloggero!
Entiendo y comprendo por tanto, que no debe ser fácil para un padre o madre, asumir y aceptar que su hijo(a) es homoxesual, pero está comprobado que nada ganan con maltratar verbal y físicamente al/la confesor(a) y tampoco lo podrán meter debajo de la cama o dentro del closet, donde figuradamente permanecen muchos(as). Lo ideal, en el mejor de los casos, es que el padre, la madre u otros adultos significativos, establezcan un canal comunicacional con su hijo o hija, y en el contexto de una conversación amigable.
Una actitud adversa y hostil por parte de los padres o madres, no será producente para un ser en desarrollo y crecimiento tanto físico como mental, especialmente si se trata de adolescentes o jóvenes contemporáneos, aunque para establecer conversaciones sobre sexualidad, no hay precisamente ni sexo, ni edad, ni condición social, sin embargo, a nivel de religión, el asunto es otro, y debe ser tratado con suma delicadeza y tino, para no herir susceptibilidades. El deber ser de los padres y madres de personas con orientación homosexual, es precisamente orientar (valga la redundancia), ayudar, apoyar, dando lo mejor de sí mismos, en la crianza y educación de ese ser que evoluciona con el día a día, a su manera, en un mundo de iguales, pero de manera diferente.
Padres y madres, son los primeros educadores de la sociedad, y sus labores de enseñanza comienzan en el núcleo del hogar. Desde allí, con orientaciones fundamentadas en el buen vivir, en la ética y la moral, pueden y deben conducir a sus hijos(as), por un camino que siendo de rosas, también tiene espinas. La persona con orientación homosexual, a través de su padre o madre, está en la condición de recibir instrucciones que muy probablemente le permitirán saber y conocer sobre la sexualidad sana, los derechos humanos y reproductivos, el incesto, la prostitución, el embarazo adolescente, las infecciones de transmisión sexual (ITC), y el VIH-SIDA, entre otros temas relevantes en sociedad; mientras que en las instituciones educativas, los educadores, deben reforzar los valores inculcados pues, en el hogar.
En conjunto, familia, escuela y sociedad, se puede avanzar en el abordaje de temas humanos que nos atañen de manera directa o indirecta. Solos, todo parece imposible, juntos, todo es posible. Es cuestión de interesarse por el otro u otra, colocarse en su lugar, internalizar que toda persona piensa, siente y padece, vive sus alegrías y tristezas de modo diferente, y que nadie tiene el derecho de lanzar la primera piedra, si en la bolsa lleva un cargamento de pecados.
Hacerse el sordo, ciego y mudo, no es el deber ser social. Si eres de aquellos(as) que no acepta la homosexualidad, ¡perfecto! no lo aceptes, pero eso no debe motivarte a mancillar la existencia de ninguna persona cercana o distante. La tolerancia es el mejor escudo contra las diferencias infundadas por doquier. Pero si eres padre o madre, y vives un momento similar al de Pancho y Amanda, ten la sabiduría y la inteligencia suficiente, para aceptar y asumir que tu hijo o hija, con el viento a favor o en contra, sigue siendo siempre: ¡¡¡Tu hijo, tu hija!!! ¡¡¡Y dile no a la discriminación!!!