Hay días en los que mi alma grita tan fuerte que nadie la oye. Hay días en los que respira tan fuerte que siento que me asfixio. Quisiera poder arrancar cada sentido de mi vida. Cada uno me recuerda lo mal que estoy, cada uno me recuerda el pecado tan grande que llevo encima. Sueño con despertar y poder sentir que mi realidad sea otra y darme cuenta de que ha sido solo un mal sueño. Entonces despierto y soy consciente de que todo sigue igual… exactamente igual. Vivo con el miedo de que el final será trágico y que todo lo que hago para cambiarlo no será tomado en cuenta. Siento como cada día se hace más fuerte, como si todo lo que hiciera solo sirviera para alimentarlo. Me saluda al despertar, a la hora del almuerzo y a la hora de dormir. Hay días en los que sueño que todo es diferente, solo en ese momento me siento feliz, hasta que caigo consciente de mi realidad. Me dicen que esta es la verdadera felicidad, pero hace tanto tiempo que no siento una sonrisa real. No es más que una máscara que tapa la realidad de mis sentimientos. Es tan agobiante sentir que odias tu propio ser y no entender cómo puedes sentirte cada día peor, cuando solo haces lo que deberías hacer para cambiar y escuchar una y otra vez la frase “esta es la verdadera felicidad”. Esa felicidad me abandono hace tiempo, se olvido de mí. Solo me queda decir que mi vida se ha vuelto una agonía… y que ya no sé cómo salir de aquí.