A veces es necesario solo hablar, solo decir, solo usar esa parte primitiva de tu cerebro llamada amígdala y expresar lo que sientes sin analizar, sin dar vueltas, sin dar razón a nadie o a algo. A veces tu cuerpo y tu mente necesitan decir, necesitan gritar y ser solo escuchados. No necesitas pensar, no necesitas analizar, de esa manera solo escondes y en el momento en el que hables tu cuerpo y mente no serán escuchados. Has creado una pequeña gota que te ha vuelto neurótico y te hace daño sin siquiera darte cuenta y de la manera que menos te imaginas. En situaciones cotidianas o especiales. Eso que no entiendes, eso que aun no le das explicación del porqué eres así. Te preocupas excesivamente por lo que es “correcto”, que te olvidas de lo que en verdad necesitas y quieres. Te has dejado contaminar por todo este círculo moral falso, que has creado tantas cerraduras solo para esconder lo que realmente te pasa, lo que eres, o lo que necesitas de verdad. Te has dejado ocultar, oprimir, encerrar, y lo más triste de todo es… que no lo sabes… no te has dado cuenta.