Después de un largo viaje y un corto pero divertido fin de semana, llegó el momento de partir a casa, podría jurar que no quería irme de aquella isla tan agraciada. Sentimientos de nostalgia socavaron mi pecho, luego de que tocó despedirme de un sitio tan acogedor y de personas hospitalarias, que incluso, en el fondo no querían que me fuese.
Me pregunté cómo estando tan lejos de casa fuese capaz de no querer volver a ella, se podrían imaginar la tranquilidad y felicidad proveniente de aquella Isla. Prometí regresar, sólo que no sabía: la exactitud y si tomaría mucho o poco tiempo.
Fuente de mi autoría.
Llegué al muelle cuando el atardecer se dormía en el horizonte y aproveché tomar varias fotos mientras esperaba la hora del zarpe. Las horas pasaron velozmente casi desapercibidas, me monté en el ferry y busqué un cómodo lugar donde pudiese respirar aire puro mientras veía las luces de la isla alejarse y desvanecerse. Prendí un cigarrillo para cesar el nudo en mi garganta.
Un joven se acercó con una voz desesperada, me pidió el encendedor con un cigarrillo en la boca. “Me salvaste la patria, se me olvidó comprar un encendedor”, me dijo. Su ojo estaba moreteado, hinchado y casi cerrado su parpado. Me extrañé por un momento pero lo quise ver como algo natural y traté de no preguntarme a mi mismo qué le pasó. Le repliqué: “Tranquilo bro, aquí estará si lo necesitas…”
Mientras se quedó fumando en el mismo sitio, le pregunté de donde era. Se desahogó del resentimiento con miedo en sus ojos y me relató:
Me acaban de secuestrar
“Yo soy de Caracas, hermano. No quiero venir más nunca para acá, es más, voy a emigrar de Venezuela. Hace 15 días me secuestraron, estaba comiendo en un restaurante y cuando iba a empezar a comer, segundos después que la mesonera dejó mi pedido, llegaron tres tipos y me apuntaron discretamente, y me dijeron “Camina delante de nosotros y no nos veas, o te matamos aquí mismo”. Caminé con miedo e impotencia y me subieron a la fuerza en una camioneta, grité “auxilio”, pero para mi desgracia, nadie estaba cerca . Me amarraron y me golpearon, hasta me apuñalaron, mira, tengo los brazos cortados, para que veas que no es mentira.
Llamaron a mi papá con la amenaza de que: si no conseguía cinco mil dólares y que si avisaba a la policía, me mataban. Me daba arrechera no poder hacer nada, estar en esa situación me provocaba morir, eso es un desespero horrible, hermano.
Durante una semana estuve amarrado de las manos y con los ojos vendados, sólo me las quitaban cuando iba al baño y con suerte si me escuchaban después de pegar gritos. Estaba en un cuarto que apenas tenía luz del día en una ventanilla, sólo me daban pan, yuca, cambur, tomate y agua.
Me iba a morir de hambre, les decía que me mataran de una vez pero si lo hacían, no conseguirían dinero. Yo creo que eran policías (PTJ), por los movimientos que hacían y por como hablaban, además esos son los primeros delincuentes. Fueron días de tortura física y psicológica, prefería que me hubiesen matado. Sólo hablé con mi papá una vez cuando esos malnacidos lo llamaron, lo único que me dijo fue: "Tranquilo, que te voy a sacar de ahí". Lo único que le dije fue: "Papá, no aguanto más, ayúdame, bendición", y colgaron la llamada. Podría jurarte que sentía que estaba quedando ciego, de tanto llorar y no ver casi luz.
Bueno si, mi pana, luego a los quince días, en la tarde, me soltaron en una carretera lejana y sola, con los ojos vendados, lo único bueno de eso fue que las manos me las habían desatado, no entiendo porqué tanta maldad. Entonces, no sabía qué hacer, sólo caminé para ver si alguien se apiadaba y me subía. Eso es lo peor que le puede pasar a alguien. ¡Esos malditos algún día lo van a pagar! Luego de caminar 1 hora y pico, llegó mi papá a buscarme, ya que los secuestradores le habían dicho donde me habían dejado.
Es demasiado arrecho, hasta hace dos días estuve más traumado que hoy, tengo que ir a terapias porque en las noches no puedo dormir, no puedo estar en un lugar sólo porque entro en crisis, ahora fumo dos cajas al día. Eso me cambió la vida, me quiero ir de aquí ya mismo, se siente demasiado frustrante, mi pana. La infelicidad se ha ido alejando pero ese horrible recuerdo tardará años en borrarse, ojalá nunca pases por eso.