Durante mi adolescencia siempre odie el cigarro y a quienes fumaban, tenía compañeros a los cuales les discutía y les indicaba lo malo y perjudicial que este es para la salud.
Los años fueron pasando y seguía siendo para mí algo impensable el fumar. Fue ahí donde el vicio más hermoso, más puro y mucho más perjudicial o por lo menos para mí lo es, más que un vicio para mí representa lo mejor que puedes llegar a tener, es una droga, un sentimiento, es lo mejor que he logrado probar, sin embargo no he logrado tener en su totalidad... Por inseguridad, por miedo a expresarlo, por miedo a decirlo, por miedo...
Luego de mi fracaso en mi adolescencia al probar dicha esta droga, busque alternativas para combatir la ansiedad, con fiestas, alcohol o sexo. Entre tantas alternativas en una de estas fiestas de discotecas en la ciudad, se presentó el odio al cigarro, como la alternativa contra el amor no correspondido, y realmente no sirvió de nada.
El tiempo pasó pero mis sentimientos hacia la chica del liceo continuaban, los cigarros aparecían en mis manos, en fiestas, rumbas o reuniones de amigos, eran en estos momentos donde me despejaba un poco y evitando pensar en el tema, encendía un cigarro humo adentro, humo afuera.
Maldito cigarro pero más maldito el amor, sobre todo el no correspondido...
Hoy luego de ya olvidar a la chica y superar el que no me correspondiera, sigo acudiendo al cigarro en momentos de alto estrés o cuando de amor me pongo a pensar, me siento enamorado otra vez, no lo quiero enfrentar para no inmolarme por segunda vez y a cambio elijo el maldito cigarro Nicotina que me mata, lentamente como si de amor se tratara...