Gabriela era algo así como… La chica de mis sueños, y aunque ese adjetivo a mi parecer, suena horrible, es la manera más clara que tengo de describirla. En algún sueño de hace años quizás era ella a quien besaba en un no tan iluminado sofá, o quizás era ella quien me acompañaba en un universo alucinógeno, no sé, tal vez Gabriela y yo nos encontramos en una vida pasada y por eso, en algún sueño mío bastante borroso debió estar.
Ahora estábamos en un cuarto sin un rastro de luz, desnudos, y yo sentía en ella un piel tan suave que debía ser irreal. Había dejado sonando mi celular en Youtube mientras se reproducían canciones de Bruno Mars, un soundtrack perfecto para acompañar aquella sinfonía de besos.
Por alguna razón terminamos mirando hacía el techo y conversando con esa voz de susurro, eso voz de tranquilidad, esa voz de sueño que estaba aguantada por unas ganas incontables de aprovechar el tiempo.
Entonces en tono bajo pero con voz dulce me preguntó:
— ¿Has leído Rayuela?
—Creo que no, pero alguna vez lo investigué. Sé que tiene tres formas diferentes de leerse ¿no?
—Sí, exacto es increíble.
— ¿Y tu como lo leíste?
—De la manera normal.
—Y ¿Cuál es tu parte favorita?
—El capítulo 7, de hecho te pregunté eso porque me sentí como en ese capítulo hace una rato allá afuera.
— ¿En serio? ¿Que se supone que dice?
—Habla de jugar al ciclope, como cuando dos personas están muy cerca y solo…
—Y solo se mira un ojo.
—Exacto.
—Y eso acaba de pasar con nosotros, me pasó contigo hace un momento.
—Tienes que leerlo, describió prácticamente todo lo que pasó.
—Lo leeré, lo prometo.
´´Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.´´
Rayuela, Capitulo 7. Julio Cortázar.