Vienes de terminar una jornada de trabajo fuerte, sales de la oficina cansada, estresada, con hambre, queriendo llegar a casa, descansar, encontrar paz, pero antes de ese transitar hacia la parada de las camioneticas, o la estación del metro más cercana, tienes que esconderte el celular en el lugar más recóndito de tu cuerpo, llámese zona íntima, en medio de la correa y el pantalón o el sitio más común, los senos….
Comienzas tu trajinar, sales de tu sitio de trabajo encaminada a la parada y vas rogándole a Dios que te permita llegar con bien a tu lugar de destino, cuando de repente cruzas a una acera y ves que viene un motorizado con su parrillero, ¡Ay Dios mío!
Se te sube todo y te comienzan a temblar las piernas, diría yo que hasta las pestañas jajaja, al ver que siguen de largo, uff, respiras nuevamente y continúas tu camino, al recorrer un poco más, escuchas el sonido de otra moto detrás de ti y vuelves tú, apresuras el paso sientes que el corazón se te va a salir por la boca y las piernas casi ni te dan para caminar más rápido, te le encaramas al que va a tu lado sabiendo que el pobre al escuchar ese sonido también quisiera correr, y en ese terrorífio trayecto te desenvuelves el día a día…
¿Qué incómodo verdad? ¡Qué irónico! lo que ha llegado a causar el sonido de una moto en Venezuela, muchos lo vemos de manera chistosa, pero déjame decirte que cuando es una la que está viviendo eso, no le ve nada gracioso….
Casi que le tumbas la puerta al vecino para entrar al edificio a algún sitio de resguardo cuando ya estas cerca de tu casa, y si tienes que subir escaleras, bueno, te podrás imaginar el cohete que se activa dentro de ti en ese momento…