En los ejemplos que ponemos a continuación, el parecido
entre los dos términos de la comparación es, muchas veces,
más intuitivo que lógico y exige que el lector haga una
pirueta mental para ponerse al nivel del autor. Pensemos en
imágenes como éstas:
"Dentro de la piel le hervía la carne como un trapo con
viento"
"En el resplandor azul el primer lucero enhebraba
escamas de sardina"
Quizá podamos poner en relación esta modernidad, esta
intuición de Uslar Pietri con la época que vivió, durante su
estancia en París, marcada por el surrealismo.
Por otra parte, no podemos evitar, al leer el segundo
ejemplo citado más arriba, un recuerdo: el de Gómez de la
Serna y sus greguerías, y, enlazando ambos autores, ese
mundo metafórico, un poco dislocado, del surrealismo.
Ahora bien, esta huella del surrealismo está más
patente, en la novela que estamos analizando, en las
metáforas más complicadas. En estas imágenes
comparativas, el segundo término, el término imaginario,
nos sorprende, sí, pero nos da una sensación no de
rebuscamiento, sino de espontaneidad, y no son difíciles de
comprender, como ocurre en muchas de las manifestaciones
del surrealismo.
La imagen es, en el surrealismo "la clave del arco”. No
había otra forma, más que la metafórica, para expresar ese
mundo del subconsciente, imágenes oníricas, ilógicas, por
tanto. Además, existe en los surrealistas un deseo de romper
con los moldes de la escritura. Por eso decía Bretón que la
obra más alta de la poesía era "comparar dos objetos lo más
alejados posible el uno del otro, o, con otro método,
confrontarlos de un modo brusco y sorprendente...". Y, a
propósito de la imagen dice también Paul Eluard: "El poeta,
alucinado, por excelencia, establecerá a su capricho,
parecidos entre los objetos más disímiles, sin que la
sorpresa resultante permita inmediatamente otra cosa que la
sobrepuje".
En conclusión, respecto al sentido de la novedad que
para la época supuso esta novela, intento decir que es
posible encontrarla, no sólo en el tratamiento del tema, sino
también en el lenguaje metafórico, y que es posible poner
en relación esa novedad, con la nueva época a que aludía
Carlos Bousoño; en consecuencia, pienso que no podemos
olvidar el surrealismo, que tanta importancia tuvo para la
renovación de la expresión poética.
Creo, en efecto, que en el aspecto que estamos
analizando, el surrealismo ha influido, al menos, en lo
siguiente: primero, en el gusto por la imagen corno única
forma de manifestación subjetiva, ya lo hemos dicho al
principio, corno producto de la transmutación de lo real, y,
segundo, en la novedad de los términos imaginarios
elegidos para la comparación, capaces, como decía Eluard,
de causar, ante todo, sorpresa.