Después de creado ese clima angustioso de espera, se
desarrollan las incidencias del capítulo, la llegada de los
tres hombres ante el coronel Roso Díaz y por fin, la mañana
y de nuevo la reiteración:
¡Siete mil soldados en avalancha sobre los campos!
Y la enfermedad del capitán David y de nuevo:
¡Boves invadía con siete mil lanceros
Y la huida de Fernando, huyendo de su propio miedo y
¡Boves invadía!.
Cuando por fin, el sol despeja las últimas nubes,
aparece la caballería de Boves y la última vez que se repite
la frase, los "¡Siete mil caballos en avalancha sobre los
campos!", ya no son una amenaza, sino que están palpables
ante los "ojos desorbitados" de los soldados.
El que acabo de citar es un ejemplo claro de la
reiteración puesta al servicio del interés de la narración.
El mismo procedimiento lo observamos en capítulo
XIII, como ya hemos dicho al comentar la figura de
Bolívar:
Presentación Campos, herido, oye las voces que repiten:
"Bolívar viene"
- "El general Bolívar viene.
- Bolívar viene.
. El libertador viene.
Los recuerdos confusos de Presentación Campos están
subrayados por ese "Bolívar viene", y en los momentos
finales, cuando Presentación Campos empieza a levantarse
penosamente, aquella frase queda sustituida por: - ¡Viva el libertador!
- Viene el libertador.
Presentación Campos comprende que está llegando, que
van a pasar delante de la ventana: - Viva el libertador.
Va a verlo. Va a verlo a él. Está llegando. Está llegando
a él. - Viva el libertador.
Pero lo único que nos llega a nosotros, lo mismo que a
Presentación Campos, es la voz que grita aquella frase.
Otro ejemplo más de la reiteración puesta al servicio del
interés, del "suspense" de la narración.
Carlos Bousoño alude a otro tipo de reiteración no de la
materia fónica de la palabra sino de su significado. Y lo
ejemplifica de esta forma: "Si alguien se siente colérico no
es raro que propine al objeto de su irritación una serie de
calificativos que aunque no lo parezcan a primera vista, son
en el fondo sinónimos: las palabras "cochino", "imbécil",
estúpido", "sinvergüenza", etc., dichas así, una tras otra en
un momento de enfado, representan sólo la diversa
manifestación fónica de un sólo concepto, que podría ser
"me irritas". La afectividad ha despojado, pues, a tales
signos, de sus correspondientes significados lógicos para
inculcarles un significado único, que la enumeración
sucesiva repite, y, por consiguiente acentúa”
De esta forma, el concepto reiterado, adquiere un valor
superlativo. En el momento del levantamiento de
Presentación Campos, los insultos de Inés, al mismo tiempo
que le incitan a la acción, la subrayan, como ocurría en los
ejemplos anteriores:
- "¡Traidor, asesino!, ¡traidor!
Y presentación Campos enfurecido va a acallar esa voz
-“ ¡ Ladrón!, ¡Traidor!"
Y entra en la casa.
-“¡ Asesino!"
Hasta que Presentación Campos "pega candela" a la
casa y el grito queda definitivamente silenciado.