Otro uso distinto de la reiteración es, como he dicho antes,
cuando esta está puesta al servicio del lenguaje poético.
Está patente, sobre todo, en las descripciones y los casos se
van multiplicando a medida que avanza la novela,
acumulándose en la última parte del libro cuando la acción
cobra intensidad.
En el capítulo XII, el de la descripción de la batalla
definitiva, encontramos muchos ejemplos:
El pueblo se nos describe desde el campanario donde el
centinela está:
"...Hacia abajo la torre adelgazada, encajándose en la
tierra; hacia abajo el tejido de las calles, roto por los
árboles; hacia abajo, los techos...".
La repetición de "y" y de "más allá" da un ritmo
especial a esta descripción de la batalla, de la cual
extraemos un fragmento:
"Y más allá de las lanzas, más caballos, y más allá más
caballos y más lanzas y más allá el coronel Zambrano".
La repetición de "caballo" tiene la misma función en
este fragmento:
“...y baña la mitad del caballo. Caballo alazano con el
lado derecho oscuro, caballo zaíno con el lado derecho
negro, caballo bayo con el lado derecho marrón, caballo
blanco con el lado derecho rojo"
Lo mismo ocurre, en este fragmento, con la repetición
de "ojos":
"...Y entonces ya los ojos encarnizados sólo ven
terribles ojos duros y fríos, cristalizados de furia... ojos de
vidrio de los muertos, ojos de aceite de los caballos, ojos
punzantes del hombre que viene,... ojos que no se cierran
porque apagarían la batalla; ojos del seminarista borracho
de sangre y de muerte; ojos claros de Boves.
Resplandores siniestros, aguaceros de resplandores, ojos,
ojos, y lanzas, sobre la caballería tempestuosa".
Y, un poco más adelante, cuando Presentación Campos
se lanza a la acción, lo impetuoso de su carrera queda
expresado también mediante una serie de reiteraciones,
como ésta:
"Frente a Presentación Campos eran lanzas, lanzas y
caballos. Caballería al frente, caballería a la espalda,
caballería en todo el estruendo del aire. Caballería junto a
Boves y detrás de Boves. Caballería frente a Fernando".
En el momento en que Presentación Campos, herido,
oye las voces que anuncian la llegada de Bolívar,
subrayando sus pensamientos confusos, estos están
expresados reiteradamente, logrando así dar idea del
pensamiento obsesivo del moribundo:
"La cabeza llena de ruido. Todas las avispas, todas las
abejas, todos los zancudos están en la sombra; todos los
zancudos, todas las avispas, todas las moscas son la sombra;
todas las mariposas que empalagan; las mariposas no son la
sombra, ni el agua, ni los caballos, ni los relinchos de los
caballos-.
Parece que el lenguaje de Uslar Pietri, hacia el final del
libro, va desarrollando, cada vez más, esa capacidad
expresiva y metafórica de la que hablábamos, pues las
imágenes se acumulan, ganando en expresividad, la prosa
se hace rítmica, se juega con las palabras y se logran a
veces efectos tan sorprendentes como el ejemplo anterior,
donde está clara esa huella innovadora del surrealismo.
Presentación Campos sigue mezclando pensamientos.
Ahora piensa en su caballo:
“...ensíllame el caballo. El caballo calabozo, zaíno,
grande. Caballo de coraje, bien bañado, bien peinado;
caballo lindo, como mujer bien peinada, como una mujer
bien peinada que llega linda en un caballo lindo".
Un último ejemplo de esta acumulación de
reiteraciones en este capítulo final:
"El tambor atruena en el espacio. Son cuatro, son
diez, son veinte tambores golpeados furiosamente. Aquel
son estremece la carne, enloquecida en el fondo de la
carne. La carne morena como la sombra, como la tierra.
Hieden los esclavos, ¡puaj!, hieden a carne hedionda, a
tierra hedionda, a animal hediondo, a agua hedionda, a
tierra hedionda, de mata hedionda, de día hediondo, de
guerra hedionda, de cosa hedionda, hedionda, hedionda
como los esclavos"