Pero no perdamos el hilo del apartado que nos ocupa: he
dicho que, a partir de este momento, la guerra se iba a
describir. Encontramos la primera descripción de una
batalla, en el pueblo al que llega el destacamento de
Presentación Campos y el coronel Zambrano. El
aguafuertismo que comentamos se ve claro en esta
descripción.:
"Los soldados abandonaron las estorbosas y lentas
armas y se precipitaron al asalto de las paredes, por sobre
los techos, a machetazos contra las puertas. Al esfuerzo 1a
madera cedía y el torrente humano alcanzaba los interiores.
Erizado vocerío surgía, excitando la ferocidad y el
desenfreno. Macheteaban los muebles, las mesas, las
paredes, los heridos. Estaban salpicados de sangre y
resbalaban sobre los coágulos. Los defensores se veían
súbitamente cercados por diez o doce de aquellas fieras, y
era un machetazo que le seccionaba la muñeca y otro que le
hendía el hombro y otro que le penetraba en el cráneo,
quedándose la hoja trabada y temblorosa entre el hueso
firme. Por entre hombres y mujeres penetró un negro
rodeado del reflejo de sus tajos".
Presentación Campos "se sentía poseído del ansia de la
destrucción" y arremete con el caballo contra la puerta que
cede bajo el terrible choque que le dejó la cara empapada en
sangre" y arrojó la lanza sobre el autor de los disparos que
he habían sacado de quicio.
"La degollina duró hasta que sólo quedaron cadáveres, y
entonces comenzó el saqueo. Marchando por sobre los
muertos que estorbaban el paso, la soldadesca transportaba
los objetos que despertaban su avidez: gallinas, cerdos,
cobijas, un pedazo de espejo; desnudaban los cuerpos para
robarles las vestiduras, dejando las carnes lívidas desnudas,
sombríos los profundos huecos de las heridas. Las últimas
luces de la tarde encendían los coágulos azules".
Un poco más adelante, el coronel Zambrano recupera
la lanza de Presentación Campos: "El metal estaba cubierto
de una sangre espesa y negra, sobre la que se destacaban
menudas islas de médula".
Como vernos por estos ejemplos, el realismo de las
descripciones no concede ni un respiro: son descripciones
breves, pero trazadas con líneas de una intensidad, que nos
sugirió la técnica del aguafuerte.
No se detiene ante cuadros tan "plásticos" como el del
muerto negro: “...y en la boca espumosa, sobre los dientes
grandes y blancos, moscas negras y moscas tornasol
pululaban".
A veces, aparece una especie de humor negro, como la
narración que hace un negro encargado de recoger el
"muertaje" y llevarlo a enterrar:
"Iban todos revueltos: ojos con tripas y manos. Por un
lado salía una pata y por otro una cabeza, ¡y ese
sangrero...!" de pronto, siente que alguien le "agarra la
canilla" y era un antiguo dueño que iba en la pila de
cadáveres.
Por último, en la descripción de la batalla final, es
donde se acumulan esas "visiones sangrientas" que se han
venido intensificando en la, por así decir, segunda parte del
libro:
"La sangre chorrea de las lanzas, corre por las astas, se
coagula en el labrado de las manos, trepa por los brazos
tensos, alcanza los cuerpos y baña la mitad del caballo".
Los caballos arrastran los cadáveres, "a alguno el
lanzazo lo clava en el fuste, lo clava en la carne del caballo
y se va, como un pelele, bamboleándose sobre la silla...."
"...los caballos revuelven los cadáveres entre la tierra",
algunos cuerpos flacos volteaban en el aire y caían
mostrando la carne blanca y muerta entre los desgarrones de
la sotana". “
Allí, pisado por un caballo, un hombre ensangrentado,
lo ve con una mirada pavorosa, con una mirada inhumana,
que, por todos los gritos muertos en su boca muda, grita,
que golpea y hiere por sus manos inútiles, unos ojos
angustiados y feroces".
Y la imagen de Presentación Campos cierra este cuadro,
con el torso desnudo brillando al sol sobre el caballo que
"está cubierto de espuma y de sangre, el brazo y la piel del
brazo están rojos, los coágulos hacen resbalar el puño en el
asta".