No es extraño que esta denominación se propagara con repoblaciones medievales venidas de Francia y norte de España en oleadas humanas que ocuparían toda la zona de la Peña de Francia y la Sierra de Béjar, por lo que es explicable que aparezcan en esta zona nombres de santuarios o ermitas bajo la advocación de “La Virgen de Ortis”, transcrito por los clérigos de un siglo más tarde como “Virgen de los “Huertos”, o “de las Huertas”, o “Santa María de las Huertas”.
Pero en la Sierra de Béjar no son precisamente las huertas las que conforman el terreno como en extensos valles llanos, sino las rocas, las fuentes cristalinas, las aguas en definitiva.
Habría que investigar en Béjar arqueológicamente y paleográficamente el santuario de la Virgen del Castañar, al lado de torrentes cristalinos que forman el río Cuerpo de Hombre, para comprobar si en siglos lejanos se llamó: “La Virgen de las Huertas”, y si hubo alguna imagen medieval morena, asiática, como todas las vírgenes de madera negra.
Desde mitad del siglo XIII se venera en Villaverde del Río, al lado del Guadalquivir, una pequeña imagen de no más de 12 cm. morena por cierto, y talla con corona de bastas piedras preciosas, asiática en su arte, de Asia Menor, armenia para más señas. ¿Qué duda puede caber de que un intrépido templario la portara como mascarón de proa en la testuz de su caballo en la conquista de las riberas del Guadalquivir formando parte de las huestes del Rey Fernando III después de haber venido de Asia? Desde entonces, allí se venera donde se encontró, y donde la devoción popular ha adornado con múltiples leyendas.
En una sociedad teocéntrica como la cristiana medieval, de los recuerdos que podía traer un cruzado o un templario de tierras asiáticas, nada podía ser más estimado que una imagen tallada en madera oscura de una virgen armenia, de nariz larga y bellos ojos grandes y rasgados.
Ahora bien, el templario que portara la imagen desde las tierras vasco-navarras hasta el Guadalquivir, tampoco dudó en propagar la traducción de su significado originario de la “Virgen de las aguas abundantes”; y ya se encargó, a su vez, la devoción lugareña y popular de santificar las aguas para sus cultivos y orientar su devoción religiosa bajo la advocación de la “Virgen de las Aguas Santas”, en Villaverde del Río, en Sevilla. Es la misma “Virgen de los Huertos” en Fuente la Reina al lado de Pamplona, o que la posible “Virgen de las Huertas”por los alrededores de Béjar.
Tras el largo periodo de la Béjar musulmana, (tengamos en cuenta que serían bereberes los que conquistaron Béjar en el año 713) sucede el episodio de los bejaranos vestidos con musgo para reconquistar la ciudad que pasa al dominio cristiano, y es precisamente en esta época en la que aparece la denominación de la “Virgen dels orts” que por un proceso de la consabida etimología popular pasaría a denominarse “de las Huertas”, aunque hiciera referencia a las aguas abundantes del río de Béjar que nace en Hoyamoros en los restos del glaciar de la sierra de Candelario, y se precipita furioso entre grandes guijarros.