No quisiera hacer una serie de declaraciones de principios, ni tampoco una enumeración de las distintas opciones sindicales, para ver dónde nos encontramos nosotros. Sencillamente, intentaré dar una pinceladas acerca de lo que consideramos que debe ser el sindicalismo a partir de ahora, enmarcado en nuestra sociedad concreta. Los llamados "sindicatos de clase" se autodenominan la oposición antagónica al sistema capitalista. Esto quiere decir que el objetivo principal de los trabajadores organizados en un sindicato de clase, ha sido intentar fulminar y olvidar el sistema de libre mercado, creyendo firmemente que por ese camino se defenderían mejor los intereses de los trabajadores.
Naturalmente, la historia ha confirmado ese espejismo que, en su comienzo, fue una ilusión bienintencionada, pero que, al final, ha supuesto el sacrificio y el esfuerzo sobrehumano de muchos trabajadores desgastados en esa pretensión. Nuestro papel, no consiste, ni mucho menos, en fustigar a estas organizaciones sindicales, ni competir con ellas. Eso sería absurdo. Antes bien, colaborar con ellas y reconocer las pequeñas conquistas sociales a las que se ha llegado gracias a los denodados esfuerzos de algunos trabajadores a lo largo de los siglos XIX y XX. Me refiero, al hablar de estas organizaciones sindicales, a "Sindicato Obreiro Galego, Solidaridat D'obrers de Catalunya, Solidaridad de Trabajadores Vascos, Unión General de Trabajadores y Comisiones Obreras. Es hora de que los trabajadores nos demos cuenta de que lo fundamental no es abolir el sistema capitalista sino abolir el oligocapitalismo. Es decir, el que no sean unos pocos solamente los que posean y controlen el capital de las empresas. Está bien claro que en dos siglos no hemos conseguido abolir el sistema capitalista y donde lo han conseguido se están arrepintiendo, por lo que parece evidente que el sistema idóneo para conseguir la igualdad de todos los ciudadanos no es abolir el sistema capitalista sino hacernos dueños de los medios de producción.
Es decir, que todos seamos capitalistas y lleguemos a un estado de PAN-CAPITALISMO. Los medios para conseguir esto intentaré desarrollarlos más adelante. También hemos de percatarnos de que, con la principal arma que tenemos, que es las huelga, lo que conseguimos es que, a la postre, nos perjudiquemos todos, y los que más, los trabajadores. Por ello creo que hemos de cambiar de tácticas, ya que no es la huelga el arma más eficaz con la que contamos, como se ha creído hasta ahora, aunque, a veces, pueda sernos útil y tengamos que utilizarla con muchísima inteligencia y en circunstancias muy medidas. ¡Nuestra mejor arma es el sindicato independiente; desde el que podamos empezar a aglutinar nuestros pequeños ahorros! Estamos de acuerdo con los sindicalistas autodenominados "de clase" en que las organizaciones sindicales potenciadas por dictaduras no han llegado a nada sino a fomentar odios y rencores. A estos sindicatos se les llama "sindicatos de represión". A nosotros, iniciadores del Sindicato Independiente, lo de los nombres nos da lo mismo; el caso es que no podemos compartir ni colaborar con ninguna de estas organizaciones sindicales ya que parten del error, que es la dictadura; y "quien parte del error, cuanto más lógico, peor". Nosotros, sindicalistas independientes, reconocemos que partimos con ventajas ya que, cuando unos pocos funcionarios del Estado comenzábamos a asociarnos, contábamos ya con el resto de las experiencias sindicales, obtenidas durante dos siglos, y contábamos también con la constatación del atasco al que han llegado los distintos sindicatos, del que no pueden salir.