No podemos olvidar tampoco que la emancipación de la clase obrera no es una lucha para conseguir privilegios ni monopolios de clase sino que es una lucha por idénticos deberes y derechos para destruir precisamente toda dominación de clase. Desde luego, hacemos nuestra, como continuadores sindicales, una idea fundamental y es que "la sumisión económica del obrero bajo los propietarios de los medios de producción (a los que yo llamo oligo-capitalistas) es la fuente de esclavitud, de miseria social, de atrofia espiritual y de dependencia política". El mensaje que tenemos que transmitir es que el odio a los oligo-capitalistas no conduce a nada, y que la única manera de repartir consiste en hacernos los propietarios de los medios de producción. La burguesía, en su afán de conservar el oligo-capitalismo, ha aprovechado cualquier coyuntura favorable para limitar los derechos adquiridos por los trabajadores y así, los oligo-capitalistas aprovecharon el fascismo y el nazismo para controlar a la clase obrera y seguir siendo oligo-capitalistas. Nuestros padres, abuelos y bisabuelos trabajaron y se asociaron no para que sus hijos y nietos siguieran siendo controlados a cambio de unas mejoras salariales y cuatro cosillas más, sino para que sus hijos y nietos llegaran a ser propietarios de las empresas. Nosotros hemos de conservar la calma y no fomentar odios a los nietos de los que aplastaron a nuestros abuelos ni a los que han aprovechado el sistema oligo-capitalista y acceder a él. Vamos a hacerles entender que lo que no queremos es ese oligo-capitalismo, que lo que nosotros queremos es el pan-capitalismo, que la empresa sea propiedad de los trabajadores. Tengamos los ojos bien abiertos porque no nos van a dejar conquistar fácilmente ese derecho, pero podemos entrar de lleno en ese empeño, ya que las condiciones están creadas. Lo que tenemos que hacer es perfeccionarlas. Hemos estado oyendo a los sindicatos de clase gritar hasta la saciedad: "la tierra para el que la trabaja"; y nada ha conseguido el obrero del campo en este sentido porque las condiciones de acceso a la propiedad de la tierra nunca estuvieron creadas. Hagamos una reflexión de pretérito ficción: ¿Qué hubiera sucedido si una tierra hubiera estado escriturada, no en hectáreas, sino en decímetros cuadrados? A alguien le puede parecer que sería el minifundismo más ridículo, pero, no me estoy refiriendo a cultivar parcelas de un decímetro cuadrado sino a que una finca pueda ser propiedad no de un latifundista sino de 500 obreros. Pues hubiera ocurrido que con el correr de los tiempos, la tierra hubiera ido a parar a manos de los que la hubieran trabajado. Contamos con la ventaja de que las grandes empresas industriales están divididas de esa manera y todos los trabajadores tenemos acceso a adquirirlas en parcelas de decímetro cuadrado, no para trabajar cada uno su parcelita, sino para poseer la empresa todos, y lo que va a ocurrir con el correr del tiempo es que la empresa pasará a ser de todos los que la trabajen. Nuestro PROGRAMA SINDICAL, pues, se puede ir materializando en los siguientes puntos: 1) Empezaremos por exigir una parte de los dividendos repartidos entre los accionistas de la empresa. 2) Cuando haya ampliaciones de capital gratuitas para los accionistas, exigiremos que una parte la adquieran los trabajadores de la empresa por derecho. Esto traerá consigo modificaciones legales en las sociedades anónimas. 3) Seguiremos por informar y formar a los trabajadores que carezcan de suficiente formación económica, sobre los procedimientos de adquirir acciones de la empresa. Las que se realicen a la par del nominal, que el obrero por ser trabajador de la empresa, tenga acceso a la misma ampliación y que el obrero pueda adquirir acciones nuevas, pero de momento no esté autorizado a vender los derechos que le correspondan por ser obrero, y sí pueda vender los derechos que le correspondan por ser accionista, naturalmente. Este punto habrá que desarrollarlo en cuanto a legislación, ya que tendrá que estar en vigor hasta que todos tengan la suficiente formación como para poder decidir libremente sobre el destino de sus derechos. 4) Hemos de convencer a todos los trabajadores, de que más de de DOS MIL MILLONES de pesetas, jugados a las distintas loterías cada semana por los trabajadores españoles, son una payasada fomentada sin ninguna clase de pudor y sin vergüenza, por políticos indecorosos y por todos lo que quieren perpetuar el oligo-capitalismo; y que esas doscientas, o mil, o dos mil pesetas semanales que se le arrebatan al obrero, constituyen una de las mayores canalladas, ya que se les ha hecho creer a los trabajadores, que ejercen su libertad al ir a comprar o sellar los boletos.