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Leo y Clara hacían memoria como si sus mentes fueran cocederos, pues algo les sonaba acerca del significado de la letrilla escrita en el pergamino de la miniatura y terminaron de descifrarlo totalmente:
Beved vino labriegas
Tannez tubas labriegos
Non vos lexaredes engannare
Ca si lo fizieredes
Exieredes de trebaliare.
Sin duda le recordaban estos versos al cura del verano en el archivo, pero, por más que lo intentaban, les fue imposible recordar aquel recitativo. Esperaron hasta que se hizo de noche, para llamar a todos los compañeros del viaje, por ver si alguno guardaba los apuntes, y dieron con dos chicas que los conservaban, Juana y Eva, cada una con versión diferente, como ocurre en casi todos los apuntes.
Bebed licores mozas,
dulzainas tocad mozos.
No os dejéis engañar
en este día de bodas.
Porque si lo hicierais
iríais a trabajar.
Que la novia y el novio
ya nos van a convidar.
Este se lo dictó Eva por teléfono, y en poco se diferenciaba del de Juana, porque las diferencias no afectaban al significado.
Aprovecharon la ocasión para interesarse por ella:
—¿Qué tal sigues con tus anemias? —dijo Leo mientras Clara miraba el auricular con impaciencia.
—¡Bah! Como he estado pachucha, este curso lo doy por perdido. Repetiré COU cuando vosotros estéis en “primero” —se adivinaba en su voz la sonrisa blanca.
—Yo no haría eso, todavía tienes tiempo de recuperarte.
Clara arrebató el auricular como un felino y Leo se quedó inmóvil, hierático, con los dedos extendidos, esbozando como un tonto una sonrisa ladeada.
—¿Qué tal, preciosa! Este fin de semana vamos a verte —dijo Clara complacida.
Leo quiso devolver la jugada, pero Clara asió tan fuertemente el teléfono que Leo no pudo despegarle la mano del mango y, achuchándola, metió el hocico en el micrófono:
—Iremos a verte para comunicarte nuestra boda. Voceando Clara no dejó contestar a Eva:
—¡Está como una cabra!
Alternativamente siguió la charla:
—Nos casaremos por el antiguo rito, con mucho vino para que El Baco sea testigo, y con sus ojos totales selle la boda para siempre; y diremos a todos los campesinos que toquen las tubas, las trompetas y las dulzainas con tanta potencia que se oigan en toda la península.
—¡Hoy está como una moto, pero tiene disculpa. Tenemos muchas cosas que contarte.
—Y muchas más que no se imagina Clara: