El rubio pensaba que el fraile desbarraba y dudaba si seguir confiando en sus palabras.
Al fraile ya se le pegaban las comisuras de los labios. Tenía la boca seca. Emitió un chasquido con la lengua y siguió diciendo:
—Cuando Robert de Oc en el castillo de Senta Aulària plasmó en un tablero estos números, no lo hizo al azar sino que dibujó los números que rigen nuestras vidas.
—¡Acabáramos! —exclamó el rubio—. Conozco a Robert de Oc.
Se crió en el mismo pueblo que yo, en Occitania. No puedes dejarte embaucar por los números. Te precipitarías en falsas creencias. Precisamente es por lo que se ha dado pie a que nos sigan acusando de desviación de la doctrina cristiana. Robert no ideó más que un juego de entretenimiento que ha sido muy bien acogido en todos los castillos templarios para los recreos, aunque muy pocos caballeros lo han jugado. Solamente lo juegan los escuderos y personal de servicio, que son ignorantes. Los caballeros obedientes, castos y pobres sólo se entrenan para la guerra.
—Conozco perfectamente la historia del Temple y sus maestres. En cuanto a Robert de Oc, sé que fue un Maestre en dos castillos de OCA, que es la abreviatura de OCcitaniA. No intentó satisfacer a los templarios con el entretenimiento del ocio sino que trajo en forma de juego, de oriente, una ciencia ancestral que explica el universo. Y recientemente, Guillermo de Beaujeu(14) nunca ha perdido una partida de Oca; y todos los hechos de su vida han estado ajustados a los números, hasta el día fatídico de su muerte. Murió el 07/06/1291, que sumados de dos en dos: 7+6+12+91=116; ¡dos veces 58!
¡Dos veces el número de la muerte! Ese día tenía que haber quedado en el castillo y no haber acudido a defender la muralla de San Juan de Acre. El Cristianismo perdió Oriente para siempre. Murió quince días después de que una flecha se le clavara en la axila el día 26 de mayo.
(14) Interrumpí la redacción para decirle a Clara: “Espera, que voy a consultar en la Historia del Temple quién fue este fulano”. Clara me recitó de memoria los nombres y apellidos de los veintitrés maestres. Guillaume de Beaujeu fue el vigésimo primer Gran Maestre. Murió defendiendo San Juan de Acre, batalla decisiva de la pérdida cristiana a favor de los musulmanes.