La tesis más importante que sostiene y apuntala mi hipótesis es la del catedrático Koldo Zuazo, Prof. de la Universidad del País vasco, quien sostiene y demuestra que el idioma vasco de desgajó en múltiples dialectos a partir del siglo XV, lo cual es cierto. Pero es absolutamente imposible que una lengua permanezca incólume, única y unida durante milenios hasta hace quinientos años y por arte de “birlibirloque” se desgaje en varios dialectos en el siglo XV. Fueron los armenios junto con algunos georgianos y otros cristianos caucásico-anatolios los que trajeron su lengua en la Edad Media que se empezó a desgajar en dialectos un poco más tarde.
Fijémonos en un ejemplo cualquiera que enseña el profesor Martín de su importante estudio: la palabra "hambre". El profesor Martín sólo relaciona "gose" (vasco) y "kose" (dogón)
La palabra "hambre" en armenio es "քաղց" y suena algo así como "kagse". Es la palabra originaria de la que derivan la palabra "kose" en dogón de Mali, y "gose" en vasco.
Un ejemplo hipotético: Si se suprimiera todo tipo de comunicación y dentro de cinco siglos alguien descubriera que en las Islas Filipinas, después de muchos avatares históricos acaecidos allí, un lingüista del siglo XXV observa que hablan una lengua aislada y desconocida en la que a la abertura en la pared se les llama “vintén” y a la entrada de una casa se le llama “purtén” y a los árboles se les llama “erbólis” y a las alcantarillas se les llama “ascanteréleo”;
y en el mismo siglo XXV, el mismo lingüista, descubre que en Guinea Ecuatorial, hay palabras parecidas: “vintúal”. “puntúal”, “erbólal”, “iscanterélal” y así registra mil palabras con ese rasgo de semejanza.
Y concluye que la lengua filipina del siglo XXV procede de África, del idioma primitivo de lo que fue Guinea Española: pues no… Las dos lenguas tienen mucho en común, aunque en español del siglo XXV, haya habido un proceso de reducción de finales (hoy inimaginable) con las soluciones: “ventán”, “portán” “alcantarellan”.
Un lego en lingüística, pero con mente abierta, me lo ha entendido perfectamente con ese supuesto tan simple, sin utilizar tecnicismos de lenguaje metalingüístico.
Ahora necesitamos lingüistas comparatistas jóvenes y listos que se empleen en profundizar en las leyes evolutivo-fonéticas y otros estudios lingüísticos que se harán interminables. Admítaseme la metáfora: El pozo es profundo. Hay que seguir cavando.