Después de la guerra de Napoleón, España quedó aplastada a pesar de haber expulsado a sus tropas de nuestra tierra. Sólo quedó el orgullo y las hornacinas vacías del arte que arrancaron los soldados franceses y se llevaron no se sabe dónde.
Hambre es lo que quedó en los pueblos y cortijos. Para entretener el hambre, el carácter español reinventó bailes a ritmos de cualquier cosa que hiciera ruido, siendo la pandereta el más sofisticado de los instrumentos.Pero lo peor fue entretener el hambre, para lo que no hubo más remedio que robos nocturnos de unos a otros españoles.
Al cabo de unos años, los señoritos franceses ataviados con finos muarés, y provistos de plumines de oro con palillero de plata quisieron venir a ver qué había quedado de la desolación que sus padres y abuelos, soldados de Napoléon, habían sembrado por nuestros pueblos. Y se inventaron una infamia: Nos llamaron despectivamente “la España de Charanga y pandereta” frase tan repicada posteriormente por escritores y poetas de toda laya. Pero fue una creación, un invento de un grupo no muy numeroso de franceses “intelectuales” y rencorosos. No fueron todos así, porque buenos escritores franceses y otros artistas como el dibujante Doré, recorrieron España haciendo reportajes de nuestras gentes y costumbres, que publicaban en revistas y periódicos en Francia. como por ejemplo “Nouvelle Revue Internationale”
En un número especial de esta revista titulado “L`Espagne” escribió nada menos que nuestro malagueño Salvador Rueda un artículo “epatante” sobre “El maragato”, como si hubiera sido él uno de tantos viajeros que hollaban caminos soleados y polvorientos por tierras de Maragatería. No se conocen más viajes de nuestro ilustre periodista, por otra parte meritorio, no cabe duda dado su esfuerzo intelectual evolucionado desde las duras fincas de higos y almendras de la Ajarquía malagueña a la Capital de España y al Caribe incluso. Es de suponer que en Madrid, vio de lejos a algún arriero maragato con sus mulas y tartanas y lo describió a su manera sin más perfil que unas rudas pinceladas y falsificaciones y sólo de su indumentaria. Lo describió así: “Calza alpargatas atadas con cordones negros”, confundiendo las alpargatas con los zapatos de oreja que siempre vimos en la maragatería. Y sigue el infundio: “…medias negras que llegan hasta las rodillas”, sin haberse fijado que nunca llevó el maragato medias negras sino polainas de paño cerradas y sujetas por cintas de colores. Y sigue describiendo don Salvador Rueda: “ Pantalón negro también”, no se fijó el vate Salvador en que no lleva pantalón el maragato sino bragas bombachas de raso y que el nombre a esta prenda se lo pusieron los rubios visigodos, y el origen de la confección es de suponer que provenga de los confines del oriente en tiempos pasados. Y sigue escribiendo disparates: “ faja del mismo tono sombrío”, confunde la faja de otras zonas de España, con el ancho cinto de cuero bordado con sedas de vivos colores, y leyendas de amor también bordadas por su maragata tomando el fresco en el poyo de la puerta.