No olvidemos la relación íntima que había, antes de la instauración del imperio Otomano, entre los cristianos franceses y españoles con los armenios, de tal manera que nuestro rey Juan I de Castilla regaló Madrid, Ciudad Real y Andújar al rey armenio León VI, después de rescatarlo de la prisión islámica. Casi nadie sabe en España que este rey armenio fue también rey y señor de los madrileños, de los ciudarealeños y de los andujareños, o iliturgitanos, como algunos los denominan.
Hemos de destacar que, también, y por la resistencia al cambio de los topónimos originarios, se conserva “Kapán” como nombre de la ciudad del sur de la Armenia actual, capital de la provincia de Syunik.
El fenómeno lingúístico de la metonimia en la formación de palabras es frecuente en nuestra lengua, y este es el caso.
He tratado en otros artículos la procedencia cristiana mimetizada mas tarde con el Islam de las lenguas del norte de África, procedente de las lenguas caucásicas y sobre todo del armenio antiguo, lenguas Tamasight, a las que nosotros hemos llamado beréberes.
http://www.jgcastrillo.com/2013/04/el-euskera-no-procede-del-dogon.html
La palabra “Gaván” de Alcalá la Real (Jaén), es la misma, referida a la “muralla del Gabán” o la “muralla del abrigo” o la “muralla de la fortaleza” construida por la dinastía bereber Zirí.
Tanmbién veo relación etimológica con la palabra ““kapán-na”, que es nuestra palabra antigua “capanna” que evoluciona a “cabaña”, tan discutida como desconocida. Cuando no se le ha encontrado ninguna relación etimológica, sin más, algunos académicos le han atribuido una antigüedad milenaria prerromana sin ninguna razón, como a todo lo que no se sabe, lingüísticamente hablando. Pero no: “cabaña” también es medieval, y documentada en el siglo XII, dos siglos antes que “gabán”, lo cual es lógico pues se gramaticalizó doscientos años antes conservando intacta la primera consonante velar oclusiva sorda, sin influjo de sonorizaciones. Por lo tanto “cabaña” es otra palabra de origen armenio, y no de origen prerromano como se sostiene oficialmente, aunque nos parezca increíble.
Por extensión, de la palabra “capa” de la misma familia léxica y a la que la Real Academia Española atribuye la etimología latina de “cappa”, hemos de señalar que no existe documentada ni en el latín clásico ni en el “sermo vulgaris”. Joan Corominas, simplemente la documenta en el siglo X como palabra ya romance procedente de un hipotético “latín tardío”, pero también le atribuye origen desconocido. Ya seguiremos en otra ocasión hablando de esta palabra y su familia léxica: capote, capota, capucha, capuchino etc. E incluso “capullo” abrigo de las larvas. Esto para otro artículo.