Si de mí dependiera, los periodistas y los profesores pasarían un examen sicotécnico acreditando su librepensamiento, sin adscripción a nadie ni a nada, para que contaran la realidad objetiva, lo bueno y lo malo de cada casa, de la actualidad y de cada periodo histórico, no solo lo bueno de lo propio y lo malo de la ajeno.
Aunque a miles de kilómetros de España -a mí no me da la gana de llamarle “ESE PAÏS” cuando estoy lejos lo mismo que llamarle "ESTE PAÍS" cuando estoy en España- he seguido varios “affaires” de la política: primarias de un partido y manifestaciones en las calles y plazas. Lo que más me ha llamado la atención ha sido ver a un español en una manifestación en España diciéndole a una venezolana que la tendrían que haber matado también a ella. Se refería a matarla en las calles de Caracas. Me encantaría comprobar que solo se trata de una manipupaciòn del video, que todo podría ser… porque de internet hay que fiarse lo justo y siempre que esté contrastado con rigor. Porque tal y como lo han publicado produce verdadero espanto.
Esta mi visión de querer observar lo bueno y lo malo de cada momento me llevó a publicar el artículo de ayer. Habrá a quien le haya agradado y habrá a quien no, como siempre. Pero trato de ser objetivo al considerar que García Lorca y José María Hinojosa fueron asesinados, dicen, por gentes de distintos bandos siendo amigos como eran. España, a veces, ha sido cruel con sus hijos. La mejor manera de evitar calamidades es tratar de conocerlas y contrastarlas.
Yo quiero que mis nietos conozcan lo bueno y lo malo para no repetir lo mano.
Ahora, he observado a algunos periodistas y políticos, los más jóvenes, escribiendo que la Democracia no la trajo a España ni el Rey, ni Suárez, ni Carrillo, ni Felipe, ni Fraga, ni La Pasionaria, sino que la trajimos los que corríamos delante de los grises jugándonos unos porrazos y a los sumo unos días en la "trena". Pues no señor. No digo que no pusiéramos durante aquellos años universitarios nuestro particular granito de arena, pero no cabe duda de que si las personalidades citadas no hubieran asumido que tenían que olvidar las viejas rencillas tanto entre ellos como de sus inmediatos antepasados no hubiera progresado España como lo ha hecho en estos cuarenta años con la contribución ya de nuestros hijos, hoy profesionales distribuidos por lugares distintos.