Después de un rato cuando ya me disponía a coger el funicular para bajar a Trapani, me encontré con ella, y ya le expuse mi opinión ante la que se sorprendía y asentía acerca de mi hipótesis de investigación.
Me reveló que esas cruces, desde luego, se sabía que procedían del viejo castillo.
Al intentar traducir el latín, me encontré con dificultades filológicas importantes como la palabra “stellandam”
pues tal y como aparece escrita habría que traducir una metáfora de alto contenido poético dándole el significado de “estrella”, por lo que habría que traducir esa frase así: “ Juan XIII ( se supone que se trata del papa Juan XIII) honró con indulgencias, memoria de las cuales, debía ser colocada en las estrellas”
La traducción total al pie de la letra que me salía a mí, que no soy especialista en latín, era la siguiente, frase por frase:
“ Dios Para Todos Misericordioso
A la que ha de ser venerada asumpta paridora de Dios (madre de Dios)
Estas cruces extraídas del templo patrio ( templo de los antepasados) de Venus, imperante Constantino bajo el año 320 de Cristo
Dedicadas.
Juan XIII honró la memoria de las cuales para que no se olvidara débilmente en la eternidad.
Reverendísimo de Sagrada Teología Doctor, Don Vito Calvini Arcipreste, después de la Palabra en carne 1635 ( siglo XVII), erigió en piedra a modo de estrella a su costa"
Una traducción más libre, podría ser: “ Dedicadas estas cruces a la Asunción de la Madre de Dios, extraídas del templo patrio de la Diosa Venus, siendo Emperador Constantino en el año 320. Juan XIII las dignificó o santificó para que nadie las olvidara en lo sucesivo. El Arcipreste Vitus Calvini en el año 1635 las mandó erigir en piedra
( Y aquí es donde viene el problema: “costati stellamdam”)
Por lo que he pedido ayuda a mi antiguo compañero Catedrático de Latín, para que me diera su versión. Y me dio esta de experto latinista, pero sólo le dije que era para hacer una investigación sobre la lápida sin otro contexto :
Dios Para todos Misericordioso
A estas cruces arrancadas del templo patrio de Venus siendo Constantino Emperador en el año 320 de Xto. Así dedicadas a la venerada asunta Madre de Dios (o deipara)
Juan XIII honró con indulgencias cuya memoria debía ser colocada entre las estrellas
para que no pereciera con el discurrir del tiempo inmortalizó en piedra perdurable sufragando de su propia peculio el reverendísimo arcipreste Vito Calvini en el año 1635, después de la encarnación del verbo.
Después de las dificultades de traducción y que me parezca una metáfora muy sofisticada: “…colocada entre las estrellas…” pienso:
¿No cometería un error el cantero que cinceló la lápida y añadió una “ELE” y quiso escribir “stelandam” con una sola ele?
Cierto es que el que cinceló la inscripción lo hizo como mínimo hacia la mitad del siglo XVII. ¿No mezclaría latín con italiano en la palabra “costati”?
Lo cierto es que alguien inventó la leyenda fantástica de que ya estaban las cruces en el templo de Venus, porque son cruces templarias y es imposible que esas cruces se esculpieran en tiempos del Emperador Constantido. Lo que hace pensar es que con las piedras del Templo de Venus, se construyó el castillo de Vénere como el más importante castillo de la ruta de los templarios desde Francia hacia Jerusalén en los primeros tiempos del Temple, siglos XII-XIII
Alguna tradición oral tuvo que haber con respecto a esas cruces, conservadas.
No cabe dudar de que los templarios darían sepultura a sus nueve fundadores en un lugar de privilegio dentro de sus posesiones, en la iglesia del castillo más imponente como fue este grandioso castillo de Erice, por eso cabe el indicio de que fueran las nueve cruces, cada una en un sepulcro a modo de “stela” o monumento funerario, o bien símbolos de los nueve templarios franceses fundadores del temple en un lugar conmemorativo como tuvo que ser este castillo.
Las conquistas de los islámicos, tanto entonces como ahora llevaban consigo la destrucción de todo lo que oliera a religión cristiana, incluidos sepulcros cristianos y sobre todo de lo que hubieran sido propiedades templarias, propiedades de sus más odiados enemigos, y, por supuesto que fueran arrancadas de los sepulcros y siglos más tarde se recogieran para colocarlas en la pared exterior de esta iglesia y pagara la obra el Reverendísimo Doctor en Sagrada Teología Don Vito Calvino en el siglo XVII.