Debemos como las abejas… trabajar y como bien dijo Jesús: “niégate a ti mismo y sígueme” darte a tu prójimo… no ver que consigo para mí, más bien que consigo para el prójimo. Ocupar la mente (la pensadora) con trabajo y si bien vivimos de bendiciones que vienen de “arriba” debemos por agradecimiento trabajar.
La Utopía como el fruto del espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio; no pueden ser enseñada, ni se nace con ella, pero si puede ser aprendida acá pudiéramos añadir todo lo noble: solidaridad, gentileza, armonía y la lista se hace una cuando conectamos con nuestro creador y entendemos que la misma vida que nos sostiene es la vida que sostiene a nuestro prójimo.
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Hay varios, no muchos, ejemplos reales de Utopías que más allá de entenderlas, investigarlas, criticarlas o juzgarlas debemos mirar sus frutos y conmovernos ante el gran bien que ha dejado a la humanidad, permitir que su ejemplo nos afecte y ser instrumentos para emular lo que tanto egoísmo ha querido siempre tapar.
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Les nombraré solo algunos ejemplos y dejaré un corto vídeo que habla por sí mismo de un sitio Utópico real en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Estos sitios, organizaciones o movimientos fueron creados por Dios utilizando a gente común como: Mahatma Gandhi, Madre Teresa de Calcuta, Margarita Barrientos, Vicente Ferrer, Catalina Escobar. Ellos todos sucumbieron ante su egoísta naturaleza y pusieron en las manos de Dios lo ordinario para que Él lo convirtiese en algo simplemente extraordinario. Disfruten el vídeo.
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