Y es ahí donde te das cuenta que las cosas pueden empezar mucho antes de que puedas notarlo, con una sonrisa, con una mirada entre la multitud, con una disculpa luego de un tropezón inesperado, sencillamente son instantes de vida donde podemos decidir volverlos importantes o dejarlos pasar, recordar que las cosas en su mayoría pasan en el momento justo y que si las apresuramos o no las aprovechamos puede que no vuelvan a suceder.
Nos pasamos día a día con la esperanza de que en algún momento llegue alguien y nos quiera de la manera en la que nosotros queremos, conseguir el trabajo que tanto deseamos y que nos vaya excelentemente bien… Pero no notamos que nuestro destino es escrito por nosotros mismos, por nuestra actitud al despertar, por nuestras ganas de salir día a día a las calles, por cómo te vistes y te maquillas, por como hueles o por el simple hecho de tu trato hacia los demás. Y todo pasa en el instante donde no esperas a nadie, donde te sientes bastante bien, entonces llega una persona a mover tu mundo, tu piso,
tu cuerpo y hasta tus neuronas. Donde más que una atracción física, es atracción mental.
Debo resaltar que no hay nada que me haga más vulnerable que una mirada fuerte y penetrante del sexo opuesto.
En fin, eso fue lo primero que pude notar de ti, una mirada fija en mí que llevaba consigo deseo, intriga, confianza, cariño y misterio, una mirada que se cruzó de manera inmediata sin dar el tiempo suficiente de reaccionar y saber que habían muchas que no se debían hacer.
Empezamos con un par de bromas, unas risas, -excusas un tanto tontas simplemente para hablar o para mirarnos-, conversaciones hasta altas horas de la noche sin importar que tantos compromisos hubiesen al día siguiente, y fue sorprendente que cuando reaccionamos ya estaba tu piel sobre mi piel, tu aroma situado en mi cuello y mis rasguños en tu espalda.
Por más que quisiéramos alejarnos, no lo hacíamos porque sabíamos bien que habían muchas cosas de nosotros que nos unían, tanto sexual, como sentimental y espiritualmente; cosas que aunque no las notáramos estaban ahí y nos hacían sentir de la manera en la que muy pocos se sienten hoy en día, un viaje mágico, como si ambos estuviésemos dentro de una esfera donde nadie puede vernos y mucho menos escucharnos.
Y así fueron pasando los días, las horas y los meses, momentos en los que hablábamos a todas horas y días donde ni nos escribíamos, pero siempre terminábamos mirándonos con las mismas ganas que esas primeras veces y extrañando las caricias delicadas sobre la piel desnuda.
-Aunque en su mayoría fuesen miradas muy discretas, que solo nosotros entendíamos.-
Entonces llega el momento en el que te preguntas si solo fue una “casualidad” o si realmente era el destino el que tenía previsto eso para nosotros… Empiezas sin saber qué papel cumples o que rol quiere tomar esa otra persona, pero te das cuenta que desde el primer encuentro, lo demás fue totalmente estructurado por nosotros mismos, por nuestras decisiones y así seguirá siendo, así durará el tiempo que nosotros queramos que dure y de la manera en la que nosotros queramos que siga sucediendo.
-Tanto que muchas veces ni nos preocupamos por las consecuencias que nuestros actos puedan causar, simplemente somos nosotros y nada más-
Quiero que sigas siendo ese anónimo, esa letra perdida que señala tu nombre y nadie puede verla. Ese compañero audaz de noches eternas donde somos uno, donde eres mío y yo tuya solo si nosotros lo creemos. Y si en algún momento decidimos tomar caminos distintos, eres ese que siempre tendrá un espacio en mi mente y me hará temblar al verte.
Sobre todo me siento inmensamente feliz de que hayas aparecido en mi vida y haber podido actuar en el momento justo.
Sígueme haciendo parte de tu destino que ya tú tienes un gran espacio en el mío