Taller de Matto. Preventivo I
Las cuatro de la madrugada, termino mi jornada laboral, apago las luces de la oficina y cierro la puerta, hago una pequeña inspección, revisando que las puertas de otras áreas del taller estén cerradas y luego procedo a retirarme camino a la estación del metro. Frías madrugadas del mes de febrero, voy abrigado, pero siento el frio en mi rostro y manos, miro en mi teléfono celular, la temperatura está a 18ºC, pero la sensación es de 17ºC, camino despacio hacia la salida de patio.
Las cuatro y diez de la madrugada, llego al punto de control de la salida de patio, doy los buenos días al patrimonial de guardia, y continuo mi camino hacia la pasarela, que conecta patio a la estación del metro. Pasando la pasarela la sensación del frio aumenta, en el silencio y la tranquilidad de la madrugada, solo se escucha la fuerte brisa que toca mi rostro, y mis pasos por el piso de metal de la pasarela, camino lentamente sintiendo escalofríos.
Finalmente, cruzo la pasarela y comienzo a bajar por las escaleras, que me llevarán directo al andén de la estación Propatria (última estación del lado oeste de la ciudad, este acceso es privado, solo para el personal que labora en la empresa Metro de Caracas, permite la conexión entre Patio y Talleres I del Metro de Caracas, con la estación Propatria. Fue construida por la necesidad de proveer seguridad a los empleados, que teníamos que salir de patio y caminar hasta la estación, debido al incremento de la inseguridad en los últimos años).
Las cuatro y cuarto de la madrugada, llego al andén, se encuentra solo y silencioso, comienzo a caminar hasta el otro extremo del andén (el acceso se encuentra, en el extremo contrario al sentido en el que va el tren, a esta hora, aún no hay servicio comercial, el operador del tren no abrirá las puertas de los vagones, para poder subirme debo hacerlo por la cabina, por esto, me toca dirigirme hasta el extremo donde la cabina queda).
Las cuatro y dieciséis de la madrugada, llego al final del andén, hay cuatro personas más (por lo regular somos tres o cuatro personas, cuando mucho somos diez), esperando el primer tren del día, el llamado Tren de Despeje, (son trenes que salen antes de la apertura comercial, con el objetivo de abastecer la línea, para cuando se inicie el servicio, no sea tan larga la espera de los usuarios en las diferentes estaciones). Doy los buenos días a los presentes, me apoyo de la pared y me uno a la espera del tren. Todos en silencio, algunos dormitando, imagino a cada uno sumergido en sus pensamientos, en mi caso, pienso en llegar a casa rápido.
Fotos de mi autoría, tomadas por la cámara de mi celular LG L35, perdonen la calidad, pero no es muy buena la cámara y además no tiene flash. 1- Área de oficinas del taller, 2- Camino al punto de control de Patio I, 3- Pasarela de conexión Patio I con la estación Propatria, 4- Estación Propatria (entrando por el acceso de la pasarela), 5- Yo de camino al otro extremo de la estación, 6- Vista de la estación desde el otro extremo, 7- Yo esperando la llegada del tren, 8- Cabina del tren estacionado en la otra vía del andén.
Tren arribando a la estación
Las cuatro y veinticinco de la madrugada, se escucha al tren venir por el túnel, también se comienza a sentir, la brisa que el tren normalmente produce con su llegada a través de los túneles, finalmente el tren se detiene, el operador abre la puerta de la cabina, y comenzamos a entrar dándole los buenos días, uno por uno (por la puerta que comunica la cabina con el vagón), pasamos al vagón y nos ubicamos en los primeros puestos, algunos se alejan un poco más, para acostarse a lo largo de los asientos.
Las cuatro y media de la madrugada, el tren inicia la marcha, vamos todos en silencio, solo se escucha el ruido que produce el tren al desplazarse por los rieles, la oscuridad del vagón, es medio alumbrada vez por vez con las luces que se encuentran a lo largo de los túneles (la iluminación de los vagones, no es encendida en los trenes de despeje). Yo aprovecho dormitar durante el viaje, pero, teniendo cuidado de no quedarme dormido, para no pasarme la estación donde me bajaré, además, hay que estar pendiente por cual estación vamos (los trenes de despeje a diferencia de cuando están en servicio comercial, no hacen parada en todas las estaciones, lo hacen únicamente, en las estaciones en la que previamente antes de llegar, los que vamos en el tren, le indicamos al operador tocándole la puerta de la cabina), es muy fácil desorientarnos y más aún quedarnos dormidos, dada todas las condiciones, el silencio, la tranquilidad y la oscuridad, además del cansancio de la jornada laboral. Hasta los momentos no me ha sucedido, y espero que ni me suceda.
1- Entrando al vagón, 2- Compañeros esperando la marcha del tren, 3- Compañero acostado entre los asientos, 4- Vista de la estación desde el tren, 5- La oscuridad alumbrada a media, 6- El tren iluminado por el paso en una estación, 7- La oscuridad en la que solemos viajar, 8- Vista de la vía desde la cabina.
Estacion Plaza Venezuela, didifícilmente la volverás a ver así de solitaria.
Las cuatro y cincuenta de la madrugada, estamos arribando a la estación Plaza Venezuela (mi lugar de destino), tocamos la puerta que da a la cabina del operador y él nos abre, el tren se estaciona y comenzamos a salir uno por uno, despidiéndonos del operador y dándole las gracias (la mayoría de los que viajamos a esta hora, nos bajamos en Plaza Venezuela, ya que esta estación, es el punto donde convergen las cuatro líneas del sistema). Camino por el andén de la estación (una de las estaciones más grandes), silenciosa y solitaria (algo difícilmente de presenciar por algún usuario común del sistema), me dirijo hacia la transferencia a la línea tres, (mi destino es la estación Coche de esta línea). Bajo las escaleras al siguiente andén, nuevamente camino hasta el extremo del mismo, para esperar el siguiente tren.
Las cinco y nueve minutos de la mañana (luego de esperar por unos minutos), se escucha el tren venir junto a la brisa que llega por el túnel. Finalmente, el tren se estaciona y debemos esperar que el operador se regrese para la cabina contraria (como es la última estación de esta línea, el operador se dirige a la cabina contraria, para llevar al tren en el otro sentido). El operador llega, lo saludamos, abre la cabina y nos subimos al tren, entro al vagón y me ubico en los primeros puestos cerca de la puerta de la cabina (como aún no hay servicio comercial, nuevamente, debo estar pendiente de no pasarme la estación en la que me bajaré).
Hora de la pantalla dentro del vagón, cuando estaba llegando a la estación Coche
Las cinco y veinticinco de la mañana, toco la puerta de la cabina, porque, ya estamos arribando a la estación Coche. El tren se estaciona y el operador me abre la puerta, me despido de él y salgo del tren, camino por la solitaria y tranquila estación hasta la salida, estoy a pocos minutos de la apertura (a veces llego antes de la apertura y salgo por la puerta de servicio, otras llego cuando ya se está prestando servicio comercial y en otras oportunidades llego justo cuando están abriendo la estación).
Es así como realizo día a día, un viaje, rápido, cómodo, seguro y tranquilo de regreso a casa, una fantasía para la mayoría. Puedo considerarme uno de los muy pocos privilegiados, por el hecho de laborar en la empresa y por mi horario nocturno de trabajo. Cualquiera que use el metro regularmente y lea este relato, dirá, ¿En qué mudo vive este? y hasta pensará, que es un relato fruto de mi imaginación.
Para cuando termina mi tranquilo viaje de retorno a casa, comienza otro para los millones de usuarios, que a partir de las cinco y media de la mañana, usarán el metro. Lo que en algún momento viajar en el tren, era confort, rapidez y seguridad, hoy día se ha vuelto una pesadilla, el aumento excesivo de usuarios provocado por la sobrepoblación y otros factores, (que no entraré en detalles), sobrepasa la capacidad de los trenes, esto, sumado a la pérdida de valores por parte de los ciudadanos, que irrespetan las normas de conductas dentro de las instalaciones y el poco respeto que se tiene hacia los demás, hacen que viajar en el metro en horas del día (en especial en la mañana tras su apertura y al final de la tarde, lo que llamamos horas pico) suponga vivenciar toda una odisea, si amigos, tal cual, Odiseo en su largo regreso a casa tras la Guerra de Troya, en el poema épico griego La Odisea.
Las personas que transitan por el metro durante estas horas picos, (en especial en la mañana), parecen manadas de animales salvajes, que se llevan todo por el medio sin importarles nada ni nadie, en esta situación, los más vulnerables son las personas discapacitadas, adultos mayores, mujeres embarazadas y los niños, ellos son arrastrados, empujados y golpeados sin la misericordia de muchos.
El caos comienza a las cinco y media de la mañana, hora en que inicia el servicio comercial, para ese momento ya en cada estación, hay una multitud aglomerada esperando su apertura. Como mencioné, normalmente llego antes de que la estación preste servicio comercial, he visto en muchas oportunidades, como las personas que están afuera esperando la apertura, comienzan a insultar al operador encargado de abrir la estación, por el solo hecho, de no abrirla antes de la hora que está pautada. Para el momento en que abre la estación, entran como animales salvajes, corriendo y empujándose por llegar primeros al andén y en muchos casos, diciéndole injurias, al inocente operador de estación que solo hace su trabajo.
En pocas oportunidades, que por algún inconveniente he tenido que perder el tren de despeje, me ha tocado vivir, la realidad de lo que es viajar en el metro a tempranas horas de la mañana. Como abordo el tren en la estación terminal Propatria, no se me hace muy difícil subirme. Estación tras estación las personas se van subiendo al vagón, empujones, insultos y hasta riñas es lo que se puede ver en este proceso, el vagón se llena al punto que ya no cabe un alma, pero al seguir por las estaciones, las personas siguen intentando subirse a empujones, lo usuarios quedamos tan compactados, que parecemos sardinas en lata. Luego de lo difícil que amerita subirse al tren, viene una de las peores experiencias en este viaje, bajarse del tren.
En mi caso, debo bajarme en Plaza Venezuela de la línea uno, para poder hacer la transferencia a línea tres. Plaza Venezuela es una estación muy congestionada, por lo que mencione antes, convergen todas las líneas aquí, además, los muchos usuarios que provienen de las ciudades dormitorios de los Valles del Tuy, que usan el Ferrocarril Caracas-Cúa, llegan aquí a través de la línea tres, para poder conectarse con el resto de la ciudad. En esta estación, es prácticamente imposible bajarse del tren, porque los usuarios ya no respetan la norma,
dejar salir, es entrar más rápido.
Se convierte en una batalla campal entre los que intentamos salir del vagón contra los que intentan meterse, es algo increíble, muchas personas son vencidas en esta batalla, y quedan atrapados y arrastrados hasta la siguiente estación, en la que emprenderán nuevamente la lucha por salir del tren, y así, hasta conseguir salir victoriosos, las personas más vulnerables (discapacitados, adultos mayores, mujeres embarazadas y los niños) son a quienes más se le dificulta, fácilmente pueden terminar dos o tres estaciones más allá de donde pretendían bajarse, para iniciar otra batalla intentando montarse en el tren de regreso.
Después de la ardua lucha por salir del tren, tras los golpes y empujones, es triste ver, como personas mayores están quejándose de dolores en sus costillas por los golpes recibidos, niños llorando por los empujones, mujeres embarazadas haciéndose a un lado, para superar el susto que pasaron, intentando que no las golpearan en el vientre, otros discutiendo por los empujones y golpes, y muchas veces llegan a las manos, realmente un salvajismo, y eso no es todo, no faltan los ladrones, que aprovechan la situación de empujones, para meter las manos y robarse cuantas cosas se les hace posible.
Para mí en lo particular, este comportamiento choca con todo mi ser y mi manera de pensar, por eso altera mi tranquilidad emocional, y cuando intento hacer que las personas tengan un poco de conciencia, lo más que recibo son insultos. Esta decadencia de la sociedad, en la que parecemos más animales que personas, realmente da mucha pena.
¿Por qué es tan difícil ser un buen ciudadano?
Deberíamos tomar conciencia de esto, mientras mejores personas seamos, mejor serán las cosas y mejor nos irá en la vida, es trabajo de todos construir una mejor sociedad. Desearía, que más personas tuvieran la dicha de viajar como yo, en la tranquilidad bajo las sombras de una metrópolis, donde muchos han perdido el respeto por el prójimo.
Dios los bendiga y la prosperidad los persiga, ¡ÉXITO!!!
Les dejo un corto video, que grabe desde la cabina arribando a la estación Plaza Venezuela.
